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9. A finales de este periodo a parecen las primeras sombras que preludian la tormenta, pues comienzan os primeros desencuentros con la administración pública. Algo que será la tónica habitual a partir de 1868. Pues bien, en enero de 1867 María Rosa Molas remite una misiva al gobernador de Castellón para recuperar el número inicial de hermanas: doce para el hospital y ocho para la Casa de Misericordia. Al renovar el contrato en 1866 había accedido a una reducción, cuatro menos. Sin embargo, al visitarlas en enero se quedó preocupada por el volumen de trabajo acometido que mermaba su salud e impedía que su dedicación a los niños y enfermos fuera de calidad. La junta accede, pero no lo mete en la partida presupuestaria y las hermanas no cobran sus honorarios. Tras varios intentos y reclamaciones sin respuesta, en diciembre de 1867 interviene Sebastián León haciéndose el valedor de sus derechos.