LENTA Y ARDUA LUCHA EN PRO DE LA IGUALDAD
17/9/26
6. De 1915 fue la fundación de la “Residencias de señoritas” de María de Maeztu con la finalidad de promover la educación universitaria de las mujeres. A mi juicio el despegue de la mujer en la formación y en la profesionalización laboral posterior se debe al ingente esfuerzo de muchas congregaciones religiosas nacidas en el siglo XIX que, no solo lucharon por la educación de la mujer, sino que con su misma cultura, concepto de sí, salida al espacio público y profesionalización del trabajo les inculcaron la importancia de estar formadas y dejaron un fuerte impacto en estas generaciones que, a su vez, continuaron con esta lenta pero ardua lucha en pro de la igualdad.
7. B. El concepto de mujer y de religiosa – Los esfuerzos ímprobos para que la mujer accediera a las letras no se pueden separar del concepto de mujer y de religiosa, que es, posiblemente el motor principal y mejor legado de María Rosa Molas. Se podría decir que, aunque su biógrafo dulcifique su figura y la adapte a los cánones de la época, ella fue una mujer poco convencional para el momento que le tocó vivir. De hecho, su horizonte vital estaba más allá del matrimonio, hasta el punto de que antepuso su vocación al deseo de su padre. Un comportamiento poco usual, ya que, según el modelo de mujer decimonónica, como ángel del hogar se debía haber sacrificado y sometido en aras de la paz familiar. _ Su forma de vivirse como mujer y religiosa – Posiblemente a esto contribuyó la figura materna y también la formación recibida en la escuela. El hecho de que sus padres consintieran que cursara primaria, en un momento en que no era frecuente la escolarización, es un indicio de que desde sus raíces se le inculcó un sentimiento de igualdad. Es más, debió de ser una mujer de gran talento, pues resulta muy llamativo que, tras morir, se pidiera referencias a su profesor don Mariano Rius y este mantuviera viva conciencia de ella, pues, como suele suceder, el paso de los años desdibuja el recuerdo de todos los alumnos que han pasado por las aulas y la criba que hace la memoria es significativa.
8. Igualmente resulta sorprendente que mientras los testimonios de las hermanas valoran virtudes como la caridad y la humildad, lo que para los escasos testimonios masculinos descuella es, precisamente, su talento. Agudeza de juicio que se manifiesta en la estipulación de los contratos, pero también en la forma aplastante de argumentar, por ejemplo, al alcalde de Ulldecona, quien pretende que las religiosas juren la constitución. Así como en las innumerables trabas jurídicas con motivo del colegio de Tortosa, de las que sale siempre victoriosa. – A mi juicio lo llamativo no es que argumente a la par, pues la inteligencia es un don natural indiferentemente de si es hombre o mujer, sino que se atreva a hacerlo en una época en la que la mujer era prácticamente relegada al silencio del hogar y sustraída de la esfera pública. Es más, ser religiosa, especialmente tras la Septembrina, no estaba tan bien valorado. De hecho, las religiosas fueron insultadas en Ulldecona, y en el Hospital de Castellón sufrieron conatos de desacreditación por parte del personal.
9. Existen otros pequeños detalles que, para quienes estamos familiarizados con su figura, tenemos normalizados pero que fueron excepcionales en la época. Primero, la valorización positiva que merece para sus alumnas y la impronta que su persona deja en ellas. Esto es, si bien la forma de vida de las hermanas debió resultar atractiva para muchas adolescentes, era contracultural porque, lejos de estar relegadas al hogar, formaban parte activa de la esfera pública y porque en momentos complicados mantuvieron un arduo pulso con la administración. – Segundo, sorprende la profunda admiración que le profesa el obispo Villamitjana y el mismo Sebastián León, quien, por iniciativa propia, recoge los testimonios de hermanas y laicos y escribe su biografía (1891). Gracias a ello conservamos el escrito de un testigo presencial que, no solo la conoce hondamente, sino que también, como Villamitjana, la secunda. Además, el hecho de contar con otras dos biografías, relativamente tempranas, como la de Juan Corominas (1907) y Atanasio Sinués (1934), habla de su gran impacto. – Leyendo algunos escritos, da la sensación de que es ella quien lleva la iniciativa y más bien, ellos la dejan hacer convencidos de su buen criterio, que secundan y facilitan. Esto es, el obispo Villamitjana y Sebastián León, junto con otros párrocos y benefactores, se suman a esta red de caridad y son suficientemente humildes para reconocer la grandeza de este espíritu sin sentirse intimidados por ello, ni amenazados en su autoridad como prelados.
10. Así también se desprende de las cartas remitidas a algunos párrocos con los que concierta gestiones relativas a la fundación o a la obtención de una plaza pública de maestra, les pide que protejan a las hermanas en situaciones conflictivas tras la Septembrina, o despacha con confianza en lo relativo al mal comportamiento de alguna religiosa. Pero también les enmienda la plana, cuando pretenden interferir en la vida de la Congregación. Así, por ejemplo, llegan a sus oídos las discordias surgidas entre sacerdotes, porque entre sus dirigidas alguna no es admitida y este episodio ofrece un motivo para que se comparen o piensen que María Rosa tiene preferencias. Así le recomienda al párroco de Fatarella: “es para mí desagradable, pues el apercibirse el mundo lo pone como discordias perpetuas entre el clero”. Igualmente a don Manuel Escolano, párroco de Almazora, le invita a no entrometerse y a no presionar para que una hermana, antigua dirigida suya, sea trasladada. Lo mismo a un señor de Burriana. – Esta relación de “iguales” se observa no solo con la autoridad eclesiástica, sino también con la civil, a quienes maría Rosa responde sin complejos y sin rodeos. Su obediencia no es infantil, ni su sentido de iglesia es chato; tampoco su caridad es ingenua, ni se amedrenta ante la dificultad ni ante las amenazas. Es más, sin pretenderlo, su superioridad moral, y posiblemente intelectual, termina siendo reconocida con más ganas o a desgana. Pero su lógica es aplastante y a la autoridad pública le resulta complicado contraargumentar, como veremos.
Del sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores (Sermón 46, 9: CCL. 41, 535-536) SÉ UN MODELO PARA LOS FIELES Después de haber hablado el Señor de lo que estos pastores aman, habla de lo que desprecian. Son muchos los defectos de las ovejas, y las ovejas sanas y gordas son muy pocas, es decir, las que se hallan robustecidas con el alimento de la verdad, alimentándose de buenos pastos por gracia de Dios. Pues bien, aquellos malos pastores no las apacientan. No les basta con no curar a las débiles y enfermas, con no cuidarse de las errantes y perdidas. También hacen todo lo posible por acabar con las vigorosas y cebadas. A pesar de lo cual, siguen viviendo. Siguen viviendo por pura misericordia de Dios: Pero, por lo que toca a los malos pastores, no hacen sino matar. "¿Y cómo matan?", me preguntarás. Matan viviendo mal, dando mal ejemplo. Pues no en vano se le dice a aquel siervo de Dios, que destaca entre los miembros del supremo Pastor: Preséntate en todo como un modelo de buena conducta, y también: Sé un modelo para los fieles. Porque, la mayor parte de las veces, aun la oveja sana, cuando advierte que su pastor vive mal, aparta sus ojos de los mandatos de Dios y se fija en el hombre, y comienza a decirse en el interior de su corazón: "Si quien está puesto para dirigirme vive así, ¿quién soy yo para no obrar como él obra? Así el mal pastor mata a la oveja sana. Y mató a la que estaba fuerte, ¿qué va a ser lo que haga a las otras, si con el ejemplo de su vida acaba de matar a la que él no había fortalecido, sino que la había encontrado ya fuerte y robusta? Os aseguro, hermanos queridos, que, aunque las ovejas sigan viviendo, y estén firmes en la palabra del Señor y se atengan a lo que escucharon de sus labios: Haced lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen; sin embargo, quien vive de mala manera a los ojos del pueblo por lo que a él se refiere, está matando a los que lo ven. Y que no se tranquilice diciéndose que la oveja no ha muerto. Es verdad que no ha muerto, pero él es un homicida; Es lo mismo que cuando un hombre lascivo mira a una mujer con mala intención: aunque ella se mantenga casta, él, en cambio, ha pecado. La palabra de Dios es verdadera e inequívoca: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. No ha penetrado hasta su habitación, pero la ha deseado en su propia habitación interior. Así, pues, todo aquel que vive mal a la vista de quienes son sus subordinados, por lo que a él toca, mata hasta a los fuertes. Quien lo imita muere, mientras que quien no lo imita vive. Pero él, por su parte, ha matado a ambos. Matáis las más gordas —dice el profeta— y, las ovejas, ni las apacentáis. OFICIO DE LECTURAS
HIMNO ¡Nacidos de la luz!, ¡hijos del día! Vamos hacia el Señor de la mañana; su claridad disipa nuestras sombras y llena el corazón de regocijo. Que nuestro Dios, el Padre de la gloria, limpie la oscuridad de nuestros ojos y nos revele, al fin, cuál es la herencia que nos legó en el Hijo Primogénito. ¡Honor y gloria a Dios, Padre celeste, por medio de su Hijo Jesucristo y el don de toda luz, el Santo Espíritu, que vive por los siglos de los siglos! Amén. LAUDES
VELANDO MEDITO EN TI, SEÑOR (Rm 8,18-21) Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. LAUDES
HIMNO Porque anochece ya, porque es tarde, Dios mío, porque temo perder las huellas del camino, no me dejes tan solo y quédate conmigo. Porque he sido rebelde y he buscado el peligro y escudriñé curioso las cumbres y el abismo, perdóname, Señor, y quédate conmigo. Porque ardo en sed de ti y en hambre de tu trigo, ven, siéntate a mi mesa, bendice el pan y el vino. ¡Qué aprisa cae la tarde! ¡Quédate al fin conmigo! Amén. VÍSPERAS
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