3/6/26

1. Probablemente el asesinato de Antonio González y Mercé, bienhechor de la congregación y secretario de la corporación municipal, abrió la veda para las autoridades municipales. Así pues, en agosto de 1854 se cuece el proyecto de sustituir a las cuatro hermanas que regentaban la escuela por una titulada. Esta decisión toma cuerpo el 27 de noviembre con un comunicado a María Rosa. Sin embargo, dada la trascendencia de la educación, la fundadora de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación propone al ayuntamiento reducir el número de hermanas a dos y cobrar la misma cantidad que ofertaban a la maestra candidata. El ayuntamiento considera la resolución favorable y el contrato con el colegio no se modifica.


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2. Otro altercado de menor incidencia se ubica en el hospital hacia 1855. Un concejal del ayuntamiento, el señor Bassols, se queja en una sesión de junta por la falta de atención que, a su juicio, le han dispensado las hermanas un día que hizo acto de presencia en el Hospital de la Santa Cruz. María Rosa Molas no se arredra y las defiende, aunque promete vigilar para que no sucedan más hechos de estas características. Su escrito no se ha conservado, pero se tienen constancia de su existencia por las actas municipales.


 

3. Salvo estos pequeños desencuentros, la tónica de este período es la estima y satisfacción manifestada públicamente por la autoridad civil y la población. Así lo recoge su biógrafo Sebastián León. Su presencia en las tres casas de Tortosa donde se consagraron por entero al ejercicio de la caridad irradió optimismo y admiración en el entorno. Con relación a la Casa de Misericordia sabemos que el mismo alcalde, don Mariano Escartín, anunció personalmente la iniciativa de María Rosa Molas al conjugar la labor asistencial con la escolar de dicha casa. De este hecho hasta se hizo eco la prensa, tanto en el Detorsense como en Revista de Tortosa. También contamos con dos actas de la junta municipal que recogen ecos positivos. La primera, del 15 febrero 1857, alaba la labor prestada en general por las hermanas y en particular por las del Hospital en la epidemia de cólera morbo. La segunda, datada el 27 de septiembre de 1858, elogia a María Rosa, a quien se considera digna de toda confianza y manifiesta su satisfacción por la obra realizada desde 1851.

 


4. No es objeto de este estudio detenerme en el proceso fundacional ampliamente estudiado y expuesto tanto en la Disquisitio Historica como por María Esperanza Casaus. Los indicios que poco a poco fueron abriendo los ojos a María Rosa sobre la irregularidad en que se encontraba la Hermandad y seguramente el asesoramiento de las autoridades eclesiásticas precipitaron a las hermanas de Tortosa a tomar decisión de separarse de la Hermandad de Reus. Estas doce hermanas afincadas en Tortosa, sintiendo la orfandad espiritual, optaron por ponerse bajo la tutela de la Iglesia. Desconocemos la intrahistoria del proceso y solamente podemos rastrear sus huellas a través de algunas alusiones o mediante la escasa documentación oficial. Sin embargo, de este aspecto quisiera hacer dos subrayados que están directa o indirectamente relacionados con el tema de la dimensión social.

 

5. El primero es que este proceso de tanto sufrimiento interno y de desgarro con su origen se realizó en medio de una vorágine de trabajo marcada por los inicios en una nueva ciudad, con todo lo que comporta empezar algo nuevo. Además, el proceso coincide también con un momento de inestabilidad eclesial debido al cambio frecuente de obispos, junto con el equilibrio siempre débil en referencia a la autoridad civil, que en cualquier momento se les podía poner en contra.

 


6. Una segunda anotación es que tal como refiere Atanasio Sinués, la autoridad eclesiástica de Tortosa parece ser conocedora de la situación de la Hermandad. No obstante, juzgando que se trata de mujeres caritativas, las deja obrar: Entre tanto iba creciendo en Tortosa el afecto hacia nuestra biografiada, así como también aumentaron sus relaciones amistosas con las personas más distinguidas y autoridades. Incluimos entre estas a la eclesiástica, por constarnos que vio desde el primer momento con muy buenos ojos la actuación de sor María Rosa y de sus cuatro compañeras en la Misericordia de Jesús, si bien, al enterarse de la calidad de señoras doncellas al servicio del municipio y de su especial y omnímoda dependencia de las de Reus, se inhibió en el régimen interior de ellas y las dejó obrar. (A Sinués)

 


7. El hecho de que Estivill en 1849 se viera en la coyuntura de editar precipitadamente las reglas de la Hermandad es una muestra más de que se empezaban a sentir discrepancias dentro de la Corporación y de que se estaba poniendo en cuestión su autoridad. Ese año María Rosa va destinada a Tortosa y, posiblemente, el recuerdo que guarda de la Hermandad es el que vio siendo joven: hermanas completamente dedicadas y consagradas al bien del prójimo. Sin embargo, poco a poco, desde la distancia y conectando las evidencias, las doce hermanas fueron madurando la idea de separarse de la casa madre de Reus. Para ellas no era suficiente hacer la caridad. Solo podían entender esta misión dentro de la Iglesia. – Y en este sentido, sale a la luz una importante componente carismática de la dimensión social como la eclesial y, por eso, su ejercicio se realiza y desarrolla en profunda comunión con la Iglesia, con sentido de cuerpo y como parte de su misión evangelizadora.

 




8. Desconozco los rasgos de la personalidad de sor Luisa Estivill y si ésta a lo largo del tiempo sufrió algún tipo de cambio. Esto es, que con el avanzar de la edad se agudizaran aspectos de su carácter que en su juventud habían permanecido latentes. Soy, de hecho, partidaria de esa opinión, pues se observa como paulatinamente esa mujer fuerte, inteligente, valiente y generosa se va cerrando en una especie de círculo egolátrico y autorreferencial. Como subrayan Corominas y Sinués, la imagen primera de la Corporación no es la de una organización depravada, sino todo lo contrario: se trataba de un grupo de mujeres caritativas y entregadas. Sin embargo, las doce hermanas de Tortosa no se conforman con esto. No les basta con hacer el bien. De nuevo, el peso no recae en la acción sino en el desde dónde y cómo se realiza.

 


9. El objetivo, pues, de esta asociación de doce mujeres, distribuidas en las tres casas de Tortosa, no era vivir la dimensión social sin más, sino la de vivir un carisma que tienen inherente la dimensión social. Todo carisma es un don para la Iglesia y no se comprende fuera de ella. En el fondo, algo así quiso decir el papa Francisco cuando afirmó que la Iglesia no es una ONG. Y no se trata de una minusvaloración de estas entidades, sino de no confundir la identidad de la Iglesia con una asociación de ayuda humanitaria ni equiparar instituciones que, aun pudiendo confluir en ciertas finalidades y acciones, tienen distinta naturaleza, ideario y origen.

 


10. Por tanto, reconocemos la valía de aquellas mujeres que pertenecieron a la Corporación y, desconociendo muchos aspectos de su vida interna, no es nuestra intención demonizarlas. Es más, creemos que realizaron una gran labor por la sociedad de su época. Pero el hecho de que las hermanas de Tortosa decidieran separarse alegando sentir orfandad espiritual es el indicador más evidente de que la dimensión social congénita al carisma de consolar no se puede vivir sin ser y hacer Iglesia.