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4. Pero, además, de esta consideración viene a mi mente el precioso icono de la Trinidad de la hermana dominica Cáritas Müller de Cazis (Suiza). Toda la Trinidad centrada en reanimar al ser humano caído. Por tanto, toda la afectividad divina volcada y cooperando en levantarlo: El Padre sosteniendo su cuerpo y besando la cabeza; el Hijo arrodillado lavándole los pies; el espíritu apuntando al centro como fuego para resucitar el corazón infartado por el dolor. ¡-qué mejor icono para expresar lo que es consolación, pero también la forma de trabajar no sólo con Dios sino también entre la Familia Consolación! De hecho, RC VI,1 sostiene que las Hermanas de la Consolación han sido reunidas por el Señor para profesar la caridad. Es decir, como sucede gráficamente en el icono de la Hna. Cárita Müller Trinidad de la misericordia, el ser humano caído debe ser el centro de nuestras preocupaciones, pero también se levanta y se cura en el seno de nuestras mutuas relaciones de caridad y porque cada uno coopera a ello.

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CONSOLACION ES COOPERAR EN EL TRABAJO Y LA RELACIÓN 






1. b) Hacer conocer y venerar. Poner en relación – En el apartado anterior hemos puesto de manifiesto cómo los dos primeros infinitivos según RC I,1 no solo no son ajenos a la dimensión social, sino que son determinantes para vivirla. Creer y amar a Dios es entablar con él una relación, que es lo mismo que entiende la Biblia por consolación Dios crea y consuela relacionándose con el ser humano. Por eso, la consolación, antes que un acto que busca paliar la carencia, es entrar en relación, estar en relación. Vivir expuestas.

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DIOS CREA Y CONSUELA RELACIONÁNDOSE CON EL SER HUMANO



2. Ahora bien, emparejados a amar y honrar se encuentran “hacer conocer y venerar a Nuestro Señor Jesucristo, como manantial y modelo de toda caridad y perfección”. Esto es, si a “honrar” le corresponde “hacer venerar”, a “amar” le corresponde “hacer conocer”. En el fondo, RC I,1 mantiene el esquema de 2 Cor 1,3-7: consolados para consolar. Se busca compartir el tesoro escondido por el que vale la pena hipotecar la existencia. La acción apostólica nace de la vivencia. Por tanto, la espiritualidad goza de dimensión social y en ella se proyecta hasta el punto de que la segunda finalidad según RC I,1 no es cambiar el mundo o transformar la sociedad, sino creer que el verdadero cambio y transformación viene por hacer que el hermano acceda a la misma Fuente de vida. Se le da lo mejor que se tiene. Con él se comparte el tesoro escondido por el que ha valido la pena hipotecar la existencia. Algo que está muy en consonancia con lo que hizo Jesús, que fue revelarnos con sus palabras y sus gestos quién es el Padre. – Voy a dividir el apartado en dos puntos. El primero está escorado en mostrar que hacer conocer guarda relación con el concepto bíblico de consolación. Eb el segundo desarrollaré qué medios se prevén para llegar a hacer que otros se relacionen con Jesucristo.

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SE BUSCA COMPARTIR EL TESORO ESCONDIDO 

POR EL QUE VALE LA PENA HIPOTECAR LA EXISTENCIA





3. A) Consolar, poner en relación – La definición ignaciana de consolación es una de las que más se aproxima a lo que entiende la Escritura por consolar. Así, en los Ejercicios, Ignacio no lo equipara a una emoción sino con un estado teologal que tiene que ver con el incremento de la fe, la esperanza y la caridad. Es decir, estar consolado es estar y permanecer en esa relación con Dios profundamente creadora cuyo efecto inmediato es producir un incremento de vida teologal. Si la acción pasiva (estar consolado) se define según esta pauta, la activa (consolar) es equivalente a poner o a introducir a uno en esa relación. – El libro de la consolación de Isaías (Isaías 40-55) es donde mejor se observa esta cuestión, pues el imperativo del inicio –consolad, consolad a mi pueblo (Is 40,1)-, en realidad se cumple al final de esta sección (cf. Is 54-55) y consiste en haber restablecido la alianza rota en el exilio. La relación estaba acabada. Es más, se llega a describir incluso como un divorcio (cf. Is 50,2), que, finalmente, el perdón logra reconstruir. Pues, aunque Israel ofendido por el silencio de Dios ya no quiere volver y se muestra escéptico (cf. Is 40,27), Dios no se da por vencido y la reconquista con su amor. En convencerles, tiene mucho que ver la figura de un siervo que termina muriendo por este cometido. Esto es, por hacerles entender que Dios los busca y quiere que entren en la fiesta. Por eso, el cuarto canto (cf. Is 52,13-53,12) se considera la puerta de acceso a la consolación. Pues bien, es como si al verle morir salieran de su dureza. Algo parecido a lo que sucede tras el deseo de Jesús, cuando el centurión reconoce: “verdaderamente este era el Hijo de Dios” (Mc 15-38).

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¡CONCOLAD! DIOS LOS BUSCA Y QUIERE QUE ENTREN EN LA FIESTA 



4. Asistiendo al espectáculo de cómo se puede llegar a morir por lo que se cree, el siervo consigue “desatascar” la relación bloqueada. El servicio de este profeta no es solo el de curar heridas, sino que “cura con sus heridas” (Is 53,5) porque carga con el dolor del otro y lo soporta en su propia carne. De esta manera, puede “interceder” y “reconciliar” a Israel con Dios (cf. Is 53,11-12). Verbos que tienen el sentido de restablecer la relación, pues “justificar” significa precisamente esto. Por esta razón, el pueblo entabla una relación paternofilial con quien les ha vuelto a introducir en esta relación. Así, Is 53,11 indica que el siervo recibirá a “muchos” como recompensa. Esto es, los hijos por los que ha sufrido e intercedido.

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CONSOLAR: SERVICIO DE DESATASCAR "LA RELACIÓN" BLOQUEADA



5. La RCI,1 muestra una progresión similar. Pues, “hacer conocer” es equivalente a poner en relación directa con la “fuente” y el “manantial”. Y esto es lo que significa en la Biblia consolar. Es más, el texto finaliza diciendo: “siendo muy dichosas en su muerte de haber conducido un alma al cielo y de haber consolado al afligido, educado e instruido secundando la misión sobre la tierra de nuestro dulcísimo Redentor”. Es decir, como en Is 53, la recompensa no es otra que haber conseguido poner en relación con la Fuente. O lo que es lo mismo, consolar es hacer partícipe al otro de esa misma relación que hace vivir, pues la correlación entre infinitivos –amar y honrar, hacer conocer y venerar- indica que en el fondo es darle acceso a esa relación que se ama. Por eso, genera un vínculo de maternidad-filiación porque es hacer nacer a alguien a Dios.

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CONSOLAR ES HACER PARTÍCIPE AL OTRO DE ESA RELACIÓN



6. B) A golpe de toalla. Por herida curación – Ahora bien, el gerundio que viene a continuación del infinitivo explicita cómo se produce esa reconexión con Dios: sirviendo. “Hacer conocer” a Jesucristo no tiene que ver con un adoctrinamiento o catequización, sino con algo más propio de un siervo, que es funcionar a golpe de toalla y lebrillo. Jesús comiendo con los pecadores busca lo que estaba perdido y, con ello, les da a conocer que tienen un Padre que se alegra con su vuelta. A veces convencerles requiere de un largo proceso de desactivación de la violencia interna. Como hemos dicho, el siervo de Is 53 carga con la enfermedad soportando en su carne la agresividad del otro que proyecta en él su dolor. Su sufrimiento lanzado con rabia deja a ese hombre herido, tatuado. Y esto precisamente forma parte de su servicio, pues de estas heridas brota la curación. – Cuando María Rosa insta a las hermanas a gustar las veces que fuera necesario un huevo, aunque el enfermo se lo tire a la cara, muestra que comprende que el dolor inaguantable e intenso del otro se desactiva así: dejándose herir por todo lo que duele, que, además, proyecta con agresividad y violencia. Aunque nos resulte paradójico, sólo de este modo –esto es, percibiendo que la hermana ha quedado tatuada, tocada –el enfermo puede abrirse a la curación.

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DEJÁNDOSE HERIR POR TODO LO QUE DUELE



7. En el fondo, Apocalipsis entiende algo parecido cuando afirma que “solo él es digno de tomar el libro y abrir sus sellos” (Ap 5,9). Se está haciendo referencia a Jesús, que ha muerto como un cordero degollado. El profeta se halla ante un libro del que puede leer su anverso y reverso, pero llora porque, a pesar de poder leerlo, el significado permanece cerrado. Es decir, pueden hacernos radiografías, estudios psicológicos, someternos a psicoanálisis, etc., pero esto tan solo sería como leernos sin entendernos. El que da la vida por nosotros es el único “digno de tomar el libro” de nuestra existencia y “abrir sus sellos”, porque solo quien nos ama puede darnos sentido. Por eso, no seremos dignos de consolar a nadie hasta que no hayamos dado la vida por ellos. El dolor es demasiado sagrado para pisarlo sin descalzarnos.

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SOLO ÉL ES DIGNO... EL DOLOR ES DEMASIADO SAGRADO

 PARA PODER PISARLO SIN DESCALZARNOS





8. Así pues, Jesús no va con una varita mágica haciendo curaciones, transformando las cosas feas en bonitas. Jesús cura porque crea relación. Cuando la sanación está condicionada por la fe, en el fondo se está diciendo esto, que depende totalmente de la relación, porque la fe es eso. Mateo incluso llega a decir que Jesús cura porque es un siervo que carga con el dolor (cf. Mt 8,17). De este modo, vincula las curaciones con la cruz y, por tanto, Jesús sana porque da la vida. – Pero, además, las curaciones o el simple hecho de que Jesús coma con los pecadores y se haga solidario esconde un mensaje. Se trata de toda una proclama de intenciones y, al mismo tiempo, también explica quién es Dios. Y es que “aquella miseria que los condena al hambre, a la enfermedad, al llanto no tiene su origen en Dios. Al contrario, aquello es un escándalo para él. Dios los quiere ver saciados, felices, riendo… El mensaje y la actuación de Jesús no significa ahora mismo el final del hambre y la miseria, pero sí una dignidad indestructible de todas las víctimas de abusos y atropellos”.

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LOS QUIERE VER SACIADOS, FELICES, RIENDO... 

EN TODO CASO CON UNA DIGNIDAD INDESTRUCTIBLE



9. Este mensaje no verbal está en plena coherencia con el de las Bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12) y con el de algunas parábolas en las que se pone explícitamente de manifiesto que Dios no se rige por la lógica de los méritos sino de la misericordia y que este es precisamente su principio y criterio de actuación (cf. Mt 20,1-16; Lc 15, 11-32). Vagabundos, endemoniados, enfermos, publicanos, pecadores fueron el “material sobrante” y “vidas sin futuro” que Jesús heredó y que aquella sociedad descartó: “Por fin hijos perdidos encontrarán un pastor-samaritano que los devuelva a la casa de Dios, donde no les esperan reproches ni humillaciones, sino gran alegría y fiesta. Aquel manso y humilde de corazón nunca les rechazó, todo lo contrario, le invitó: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré (Mt 11,28). La tierra necesita que “aprendamos a ser mansos y humildes de corazón” para aliviar, cargando el yugo, y dar así el descanso. La tierra espera reyes no de espadas sino de arados, gente no de lanza sino de podaderas, pastores no mercenarios, sino que den su vida, jornaleros que no se apropien de la herencia, maestros que se ciñan la toalla como siervos. Esa es la fisonomía del Hijo de Dios” (M García Fernández, La misericordia tiene un rostro). – Y este es el rostro que María Rosa y las primeras hermanas dieron a conocer mediante su servicio. Porque la misericordia es lo que más nos hace semejantes a Dios.: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Como Jesús, también María Rosa Molas, antes de curar, se dejó afectar por el dolor y las miserias del otro hasta dejarla tocada. Luchó por dignificar periferias y sacarles de la miseria que los condena a la cuneta de la historia. Y viéndola enfrentarse incansablemente con la administración pública por reclamar sus derechos, les hizo creer que realmente los tenían, que eran dignos de ser tratados con consideración y con ello, de paso, les transmitió que Dios no puede querer su dolor, que no está de acuerdo con la injusticia que les relega a la pobreza y a la marginación.

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DIOS NO SE RIGE POR LA LÓGICA DE LOS MÉRITOS SINO POR LA MISERICORDIA