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22/5/26
1. B) ¿Reconquista de la sociedad burguesa? - Entre otras posibles lecturas que buscan explicar el auge de las órdenes religiosas en el siglo XIX se halla otra explicación sesgada y truculenta de la que Vicens Vives se hace portavoz. Esta corriente de interpretación considera el fenómeno congregacionista como una acción promovida por parte de la jerarquía eclesiástica empeñada en reconquistar la sociedad burguesa. "Las congregaciones serían según esta visión, a modo de milicias colocadas por la Iglesia combativa frente a la sociedad laica" (Yetano Laguna). - Tras la Revolución francesa, y haciéndose eco de las críticas llegadas sobre el estado moral decadente de los clérigos y órdenes religiosas, el papado se hizo más consciente de la deplorable situación espiritual tanto del clero como de los religiosos. Es más, Pio IX (1846-1878), percatándose de que la restauración eclesial vendría por la profunda renovación de las congregaciones religiosas, reinstituyó con esta finalidad la Congregación Super Statu Regularium (1846), cuyo cometido sería el de ofrecer indicaciones para la necesaria regeneración (Álvarez Gómez).
1. c) ¿LA CRUZADA DEL ESPACIO PÚBLICO? - Si el crecimiento prodigioso de la vida religiosa apostólica femenina y su omnipresencia en el ámbito de lo social es un dato ineludible, las explicaciones acerca del origen de este vertiginoso aumento en el siglo XIX son muchas y de diversa índole. De hecho, los estudiosos disienten en la hermenéutica de los datos y las conclusiones de los análisis no son idénticas. Es más, existe una amplia disparidad a este respecto. Entre los argumentos históricos que se aportan para explicar este fenómeno destacan dos que quisiéramos contrastar. El primero bascularía en el regalismo. Es decir, los monarcas ilustrados favorecieron la proliferación de la vida religiosa femenina con el fin de instrumentalizarla. El segundo retiene que existió un plan urdido por parte de la jerarquía eclesial de corte reaccionario y combativo para conquistar nuevamente la sociedad y ganar en este nuevo escenario el protagonismo de antaño perdido en el ámbito político, A fin de formarnos una idea, analizamos brevemente los datos. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
2. A. ¿Instrumentalización en favor del regalismo? - Algunos estudios rechazan el incremento numérico de la vida religiosa en general, y de la femenina en particular, a la instrumentalización del monarca. El regalismo existió y fue un ingrediente más del sistema con el que las órdenes tuvieron que lidiar. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
3. Así lo define el profesor Alfredo Verdoy en su intervención en el congreso de María Rosa Molas con motivo del Bicentenario de su nacimiento: El regalismo no es otra cosa que el esfuerzo que hacen los reyes y los gobernantes de todo el mundo, pero en concreto de España, para tener a la religión católica a su servicio. Incluye la vida de los religiosos y la vida de las religiosas. Y todo lo que los religiosos y las religiosas puedan hacer tiene que pasar por las estructuras del gobierno, tiene que pactar con los presupuestos del gobierno y tiene que pasar por los que los gobiernos, los reyes, los nobles y las clases fuertes puedan decir. La religión, los religiosos, están al servicio del pueblo, evidentemente, de la Iglesia, pero muy mediatizados por los intereses de la corona y por los intereses de los gobiernos (Verdoy). EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
4. Una de los ejemplos más clamorosos y soeces fue la restauración fernandina, pero no fue el único. De hecho, tras su restitución en 1813, Fernando VII abolió la ley napoleónica por la que se suprimías órdenes religiosas, además tampoco quiso llevar a cabo las restricciones previstas y promulgadas en las Cortes de Cádiz (1812). Bajo capa de restitución de una injusticia el monarca devolvió a los religiosos lo que antaño se les había incautado. Ahora bien, se sospecha que lo que en el fondo el rey buscaba con estas medidas era aliados para su gobierno absolutista. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
5. "Y así pidió a las órdenes masculinas la apertura de escuelas caritativas de primera educación para instruir en la doctrina cristiana, en las buenas costumbres y en las primeras letras a los hijos de los pobres hasta la edad de diez o doce años, procurándoles alimento y vestuario correspondiente a su pobreza. Lo mismo pidió poco después a las monjas. Los religiosos y religiosas respondieron muy positivamente a esta invitación real y crearon un número muy elevado de establecimientos educativos. De este modo se les quitaba a los liberales uno de los alegatos contra los frailes y monjas que los tachaba de inútiles para la sociedad" (Álvarez Gómez). EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
6. Esto es, Fernando VII mata así dos pájaros de un tiro. Por una parte, pone de su parte a la Iglesia. Y, por otra, tiene resuelto el problema de la educación y sanidad y, además, acalla de esta forma las críticas hacia lo religiosos y clérigos tildados y considerados como mano muerta para la nación. Sin embargo, estas prerrogativas fueron rápidamente revocadas con la llegada del gobierno liberal (1820-1823), que impuso al rey acatar lo previsto en la constitución de Cádiz (1812) y, con ello, comenzaba nuevamente el calvario para las órdenes religiosas. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
7. Ahora bien, aunque el regalismo existió, sería sesgado obviar otros datos. De hecho, el crecimiento de la vida religiosa femenina sucede particularmente en la segunda mitad del siglo XIX. Y por tanto, es posterior a Fernando VII y, además, en un periodo marcado por las guerras carlistas en España. Luego, aunque el país sigue regido por un sistema monárquico, de facto gobiernan partidos políticos en una estrecha alternancia entre conservadores y liberales. Pues bien, en este periodo de inestabilidad política sucede el incremento exponencial de vocaciones religiosas. Es más, las mismas autoridades civiles son quienes piden la presencia de religiosas en establecimientos públicos tales como escuelas, hospitales, casas de misericordia. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
8. Aunque este último dato vendría a corroborar la instrumentalización -no ya de este monarca sino del Estado-, sin embargo, no explica por sí mismo el incremento de vocaciones ni su florecimiento precisamente en una época convulsa y, además, adversa hacia lo religioso. La hostilidad y las precarias condiciones de las instalaciones junto con la crudeza de la cotidianidad hacía difícil que una persona que no tuviera una vocación recia se mantuviese en la brecha. De hecho, hubo muchas secularizaciones en este periodo. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
9. Luego, si ciertamente estas circunstancias contribuyen a la proliferación de la presencia de vida religiosa femenina en instancias públicas, no explica su origen último. Su explosivo nacimiento constituye un fenómeno propio del siglo XIX y, aunque el contexto histórico-social aporta alguna pista sobre su rápido desarrollo y expansión, no es suficiente para dar razón de su origen o de su vitalidad. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO
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