18/4/26
De los Hechos de los apóstoles 7, 44-8, 4 CONCLUSIÓN DEL DISCURSO DE ESTEBAN. SU MARTIRIO En aquellos días, Esteban prosiguió su discurso, diciendo: «Nuestros padres tuvieron consigo, en el desierto, el tabernáculo del testimonio. Así lo había dispuesto el que mandó a Moisés fabricarlo según el modelo que le había mostrado. Nuestros padres lo recibieron en herencia y lo introdujeron, bajo la dirección de Josué, en la tierra que ocupaban los gentiles, a quienes arrojó Dios para dar lugar a nuestros padres. Y así hasta los días de David. David halló gracia a los ojos de Dios. Pidió el privilegio de construir morada para el Dios de Jacob; pero fue Salomón quien se la edificó, aunque ciertamente el Altísimo no habita en casas construidas por los hombres, como dice el profeta: "El cielo es mi trono y la tierra es escabel de mis pies. ¿Qué casa me vais a construir —dice el Señor—, o cuál va a ser el lugar de mi descanso? ¿No soy yo quien ha hecho todas estas cosas?" ¡Hombres de dura cerviz, que cerráis obstinadamente vuestro entendimiento y vuestro corazón a la verdad, vosotros habéis ido siempre en contra del Espíritu Santo! Lo mismo que hicieron vuestros padres hacéis también vosotros. ¿A qué profeta dejaron de perseguir vuestros padres? Ellos quitaron la vida a los que anunciaban la venida del Justo, al cual vosotros habéis ahora traicionado y asesinado; vosotros, que recibisteis la ley por ministerio de los ángeles y no la guardasteis.» Al escuchar esta diatriba, ardían de rabia sus corazones y rechinaban sus dientes de coraje. Esteban, por su parte, lleno del Espíritu Santo, con la mirada fija en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a su diestra; y exclamó: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre a la diestra de Dios.» Ante estas palabras, con gran gritería, se taparon los oídos. Embistieron todos a una contra él y, sacándolo a empellones fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos dejaron sus mantos a los pies de un joven, llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba con estas palabras: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Y, puesto de rodillas, dijo con fuerte voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado.» Y, dicho esto, murió. Saulo, por su parte, aprobaba su muerte. Sucedió que, aquel mismo día, una violenta persecución se desencadenó contra la Iglesia de Jerusalén, y todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban, haciendo gran duelo por su muerte. Mientras tanto, Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas y, llevándose violentamente a hombres y mujeres, los arrojaba a la cárcel. Los que se habían dispersado fueron anunciando por todas partes la Buena Nueva de la palabra de Dios. - OFICIO DE LECTURAS
VELARON LAS ESTRELLAS EL SUEÑO DE SU MUERTE, sus luces de esperanzas las recogió ya el sol, en haces luminosos la aurora resplandece, es hoy el nuevo día en que el Señor actuó. Los pobres de sí mismos creyeron su palabra, la noche de los hombres fue grávida de Dios, él dijo volvería colmando su esperanza, más fuerte que la muerte fue su infinito amor. De angustia estremecida lloró y gimió la tierra, en lágrimas y sangre su humanidad vivió, pecado, mal y muerte perdieron ya su fuerza, el Cristo siempre vivo es hoy nuestro blasón. De gozo reverdecen los valles y praderas, los pájaros y flores, su canto y su color, celebran con los hombres la eterna primavera del día y la victoria en que el Señor actuó. Recibe, Padre santo, los cánticos y amores de cuantos en tu Hijo hallaron salvación, tu Espíritu divino nos llene de sus dones, los hombres y los pueblos se abran a tu Amor. Amén. - LAUDES
REVESTIDOS DE BLANCAS VESTIDURAS, vayamos al banquete del Cordero y, terminado el cruce del mar Rojo alcemos nuestro canto al rey eterno. La caridad de Dios es quien nos brinda y quien nos da a beber su sangre propia, y el Amor sacerdote es quien se ofrece y quien los miembros de su cuerpo inmola. Las puertas salpicadas con tal sangre hacen temblar al ángel vengativo, y el mar deja pasar a los hebreos y sumerge después a los egipcios. Ya el Señor Jesucristo es nuestra pascua, ya el Señor Jesucristo es nuestra víctima: el ázimo purísimo y sincero destinado a las almas sin mancilla. Oh verdadera víctima del cielo, que tiene a los infiernos sometidos, ya rotas las cadenas de la muerte, y el premio de la vida recibido. Vencedor del averno subyugado, el Redentor despliega sus trofeos y, sujetando al rey de las tinieblas, abre de par en par el alto cielo. Para que seas, oh Jesús, la eterna dicha pascual de nuestras almas limpias, líbranos de la muerte del pecado a los que renacimos a la vida. Gloria sea a Dios Padre y a su Hijo, que de los muertos ha resucitado, así como también al sacratísimo Paracleto, por tiempo ilimitado. Amén. - VÍSPERAS
1Pe 2, 9-10 Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la misericordia de Dios. - VÍSPERAS
LA VOZ DE LOS PAPAS - Detrás del caminar sobre las aguas hay un mensaje no inmediato, un mensaje para que acojamos nosotros. De hecho, en aquella época las grandes extensiones de agua eran consideradas sedes de fuerzas malignas no dominables por el hombre; especialmente si eran agitadas por la tempestad, los abismos eran símbolo del caos y hacían referencia a las oscuridades de los infiernos. Entonces, los discípulos se encontraban en el medio del lago en la oscuridad: en ellos está el miedo de ahogarse, de ser absorbidos por el mal. Y aquí llega Jesús, que camina sobre las aguas, es decir por encima de las fuerzas del mal, (…) Es todo un mensaje que Jesús nos da. Este es el sentido del signo: los poderes malignos, que nos asustan y no logramos dominar, con Jesús se redimensionan inmediatamente. Él, caminando sobre las aguas, quiere decirnos: “no temas, yo pongo bajo los pies a tus enemigos” - bonito mensaje: “yo pongo bajo los pies a tus enemigos” -: ¡no las personas!, no son esos los enemigos, sino la muerte, el pecado, el diablo: estos son los enemigos de la gente, nuestros enemigos. Y Jesús estos enemigos los pisa por nosotros. Cristo hoy repite a cada uno de nosotros: “¡Animo, soy yo, no temas!”. Ánimo, es decir, porque estoy yo, porque ya no estás solo en las aguas agitadas de la vida. (Papa Francisco)
SOY YO, NO TEMÁIS (Juan 6, 16-21) Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
EL AMA LA JUSTICIA Y EL DERECHO - Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. SALMO 32
ATENDER AL VULNERABLE, QUE NO CORRA PELIGRO - (Hechos de los apóstoles 6, 1-7) En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra». La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
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