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24/5/26
1. 2. Vida femenina apostólica. - ¿Respuesta del Espíritu en el siglo XIX? - Fruto del iluminismo y el liberalismo en el siglo XIX surge una nueva conciencia hacia lo social, ya que todos los individuos son iguales y a través del sufragio universal se les empodera haciéndoles protagonistas en la construcción de la sociedad. Estos principios se instauran de manera violenta en la Revolución francesa, causando una fuerte conclusión e inestabilidad política con especiales repercusiones para la iglesia. Esta, en cambio, fuera de todo pronóstico, descubre un nuevo camino más evangélico y desarrolla particularmente su vocación misionera encarnándose en lo social, viviendo en medio de los necesitados y llevando realmente adelante los principios de igualdad, fraternidad y libertad sostenidos por la Revolución. - En este contexto asistimos al nacimiento inédito de la vida religiosa apostólica femenina. Un hecho de gran magnitud que conmociona los fundamentos de la sociedad del siglo XIX y que también la explica. Y un acontecimiento que, además de regenerar el tejido eclesial escocido e irritado por la hostilidad del liberalismo y por la decadencia interna, supone un cambio copernicano en la fisonomía de la Iglesia hasta el punto de que algunos autores hablan de la feminización del catolicismo. Aunque el análisis de los datos permite hermenéuticas distintas, ya hemos descartado por simplistas las hipótesis de una mera instrumentalización. No obstante, es necesario que sigamos ahondando en su sentido ya que, a base de horadar y dialogar con los argumentos ofrecidos en las discusiones para explicar el origen de esta explosión de vitalidad apostólica femenina, podemos comprenderlo mejor.
2. a) ¡Al fin reconocidas como vida religiosa! - Sería injusto comenzarla historia de la vida religiosa apostólica femenina en el siglo XIX. Para comprender la importancia de este hecho debemos remontarnos a los orígenes del cristianismo. Tanto los Evangelios como otros escritos del Nuevo Testamento dan habida cuenta de la importancia de las mujeres en los principios del movimiento cristiano. También la literatura apócrifa registra algunas tradiciones que van en línea de los escritos neotestamentarios. Es más, historiadores romanos como Celso arremeten contra el cristianismo tildándole despectivamente de ser una religión de pobres, niños y mujeres. Lo que constituye una prueba indirecta de lo que estamos afirmando. Probablemente empujado por el reconocimiento de la Iglesia a partir del edicto de Constantino, aunque ya se observa esta tendencia en los escritos del siglo II, la mujer pierde protagonismo y el cristianismo se adapta a los modelos culturales de la sociedad vigente.
3. No solo la importancia de su presencia en momentos trascendentales como la muerte , sepultura y resurrección o la atestación múltiple de los relatos pascuales de María Magdalena, lo que le valió la denominación de apóstol de los apóstoles, sino la misma terminología utilizada -"compañera", "las que han fatigado", "las que han ido de Galilea a Jerusalén", etc.-, equiparable e idéntica a la usada para describir la identidad y misión de los discípulos y apóstoles, son tan solo algunos indicios de la intensa actividad misionera que desplegaron las mujeres cristianas y la alta consideración que tuvieron en los primeros siglos del cristianismo. Sin embargo, a partir del siglo II la tendencia se revierte y entra en la oscura selva de los siglos IV en adelante en las que las vemos confinadas en conventos.
4. El claustro nunca fue un impedimento para irradiar verdad y transformar incluso desde sus rejas a la sociedad con una propuesta de vida insólita y valiente. Contamos con grandes exponentes como la polifacética Hildergarda de Bingen. O las místicas Juliana de Norwich, Matilde Hackeborn y Margarita d'Oyngr, quienes desarrollaron una particular y subversiva devoción a la maternidad de Jesús, probablemente -aunque no solo - como reivindicación y dignificación de la bondad de su naturaleza femenina. Mujeres cultas y adelantadas para su tiempo que hicieron de los conventos no solo espacios de libertad, de trabajo, de convivencia y de pensamiento, sino también lugares desde los que se irradió vida hacia fuera hasta el punto de llegar a afectar de manera decisiva la configuración social de las ciudades.
5. Pero junto a la batalla librada en los claustros, se desarrolló puntualmente la pugna de la mujer cristiana por desarrollar su vocación en el ámbito apostólico. Así las beguinas, en el bajo Medievo, ya intentaron recuperar aquellos espacios de evangelización que desde el inicio del cristianismo les habían sido propios. Se lanzaron, de ese modo, a la aventura de vivir en ciudades y a desarrollar una intensa actividad apostólica de caridad e instrucción. Sin embargo, como dice la Carta a los Hebréos repasando a tantos personajes ilustres, "el mundo no era digno de ellas" (Heb 11,38) y sufrieron la hostilidad, la incomprensión, la difamación hasta que sucumbieron.
6. No mucho mejor fue Ángela Mérici (1474-1540) y a Mary Ward (1585-1645). La primera en plena eclosión renacentista se lanzó a la calle llevando una vida intensa de caridad hacia los más desfavorecidos, recuperando así el apostolado femenino. En 1535 fundó la Compañía de Santa Úrsula, cuyo objetivo era trabajar a favor de los necesitados, así como dedicarse a la instrucción de la sociedad a través de la educación de las niñas. Para ello eliminó la clausura, el hábito y los votos canónicos. - Santa Ángela Mérici dio una inesperada y revolucionaria alternativa al destino tradicional que le esperaba a la mujer de su tiempo: o madre de familia o monja enclaustrada. A esta alternativa le añadió ella un tercer elemento: vivir en medio del mundo, como mujer emancipada, dueña de su propio destino de mujer y de cristiana, entregada a la actividad apostólica directa. - Aunque la Congregación fue aprobada por Paulo III en la bula Regimini Universalis Ecclesiae (1544), la contitución pastoral de Pio V Circa pastoralis (1566), las enclaustró nuevamente. Ángela Mérici en vida no vio su sueño truncado, ya que las hostilidades hacia las ursulinas se produjeron cinco años después de su muerte y tan solo veintiséis después su enclaustramiento.
7. Peor suerte corrió en la vida Mary Ward. Tras ingresar en un convento claustral, orientada por su director, regresa a Inglaterra, su país natal, y comienza una intensa actividad apostólica para animar la fe de los católicos hostigados por las luchas de religión en aquel país. Además, despliega una frenética actividad caritativa que le valió la cárcel y la condena a muerte, aunque en esta ocasión logró salvar su vida. poco a poco su manera de comprenderse como religiosa y como mujer tuvo acogida en otras que siguieron sus pasos y en 1609 funda la primera comunidad dedicada a la educación. Se suceden nuevas fundaciones hasta que en 1615 deciden dar el paso definitivo para ser aprobadas por la Iglesia. Con gran intuición escribe en la Ratio Institutionis: - Puesto que la triste situación de Inglaterra, nuestra patria, necesita en grado sumo obreros espirituales, y puesto que ya trabajan allí celosos sacerdotes apostólico, seculares y religiosos, parece que también el sexo femenino pueda y deba hacer, a su modo, alguna cosa extraordinaria en este tiempo de universal necesidad espiritual... para salvar a los hombres de caer en la herejía y en el vicio. - Sin embargo, ni la sociedad ni la Iglesia estaban preparadas para comprender la clarividencia de esta gran mujer y su profundo sentido espiritual. En vida sufrió lo indecible y las Damas inglesas, o jesuitinas, tuvieron que esperar mucho tiempo para ver el sueño de su fundadora realizado, ya que ella murió en la más absoluta ignominia.
8. Otros conatos coetáneos fueron la fundación de la Compañía de María Nuestra Señora a cargo de Juana Lestonnac (1556-1640) o la Orden de la Visitación de María fundada por santa Juana Francisca Frémyot de Chantal (1572-1641) y san Francisco de Sales (1567-1622). Sendas instituciones pujaron por reclamar el puesto de la mujer consagrada en la vida apostólica de la Iglesia. Sin embargo, a la anquilosada estructura eclesial le costó modificar la teología de los votos solemnes por la de los votos simples. A pesar de la carencia de reflejos y del paquidérmico proceso, en los siglos XVII y XVIII se llegaron a fundar hasta una treintena de congregaciones femeninas consagradas al prójimo en el campo de la beneficencia y la enseñanza.
9. Mayor fortuna encontrará la fórmula que san Vicente de Paúl (1580-1660) ideo para las Hijas de la Caridad. Aunque las asociaciones apostólicas ya habían visto la luz, especialmente en Francia, no era frecuente que estas tuvieran una fisonomía femenina. Probablemente san Vicente de Pául junto a santa Luisa de Marillac (1591-1660) fueron testigos de la dificultad de subsistencia para las congregaciones femeninas volcadas en el apostolado. Coetáneo y muy cercano les era el caso de la orden de la Visitación de María, fundada por Francisco de Sales y Juana Francisca Frémyot de Chantal, y encerradas para la perpetuidad en un convento. Por este motivo, ambos fundadores dotaron a las Hijas de la Caridad de una estructura jurídica distinta. - No serán religiosas en sentid jurídico, sino una Sociedad de vida apostólica. La estructura la plasmó san Vicente en estas palabras: "las Hijas de la Caridad tendrán por monasterio la casa de los enfermos, por celda una habitación de alquiler, por capilla la Iglesia parroquial, por claustro las calles de la ciudad o las salas de los hospitales, por rejas el temor de Dios y por velo la santa modestia".
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