23/4/26
2. El Papa, en su visita a la prisión de Bata en Guinea Ecuatorial, afirmó que una auténtica justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida. Un encuentro en el que aseguró que ninguno está excluido del amor de Dios, y que la vida no sólo se define por los errores cometidos, pues siempre hay una esperanza de cambio. Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano
3. “Queridos hermanos, Dios jamás se cansa de perdonar. Él abre siempre una puerta nueva a quien reconoce los propios errores y desea cambiar. No permitan que el pasado les robe la esperanza en el futuro. Cada día puede ser un nuevo comienzo”. En realidad, estas han sido las palabras del Papa al final de su saludo a los prisioneros y trabajadores de la Prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial y, en ellas, se resume todo lo que deseaba decir y todo lo que quizá cada recluso deseaba escuchar: el perdón y el cambio son posibles.
4. De errores, conciencias y rehabilitaciones - Se trata de la primera y única visita que realiza León XIV a un centro de detención, en este Viaje Apostólico a África, y no es cualquiera, pues esta cárcel, ubicada en Bata, región costera del país y capital de Litoral, con más de 650 presos, es conocida por ser un lugar de detención duro, un lugar que desde la época colonial, ha sido a menudo citado en relación con casos judiciales controvertidos y condiciones críticas de prisión. - Sin embargo, como mencionó el director de la prisión, Reginaldo Biyogo Mba Ndong Angusesomo en sus palabras de bienvenida, “detrás de cada caso hay una historia humana, con errores y dificultades, pero también con la posibilidad de cambio y un compromiso porque cada persona conserve su dignidad y realizar un camino de rehabilitación y reinserción.
5. También en el testimonio de los reclusos, la reflexión no deja de golpear las conciencias al reconocer que la prisión los obliga a confrontarse con la propia conciencia, por el dolor y el sufrimiento causado por sus acciones. Aunque sin duda, "gracias a la guía del capellán y de quienes nos ayudan espiritualmente", se puede descubrir que es posible cambiar, pedir perdón y volver a creer en ellos mismos.
6. Ninguno está excluido del amor de Dios - El Santo Padre al tomar la palabra agradeció la alegría de los presos, las palabras de bienvenida y la claridad del los testimonios de tres reclusos, pues corroboran que, aun en las dificultades, la dignidad humana y la esperanza nunca se pierden, como Jesús que arrestado, condenado y llevado a la muerte sin culpa, siempre creyó en la posibilidad “que el amor transforme incluso el corazón más endurecido”. - Hoy estoy aquí para decirles algo muy sencillo: ninguno está excluido del amor de Dios. Cada uno de nosotros, con su historia, sus errores y sus sufrimientos, sigue siendo valioso a los ojos del Señor. Podemos decirlo con certeza, porque Jesús nos ha revelado esto en cada encuentro, en cada gesto y en cada palabra.
7. No hay justicia sin reconciliación - El Pontífice reconoció que está descubriendo en este viaje a una Guinea Ecuatorial rica de culturas, lenguas y tradiciones, de la cual cada prisionero, agente penitenciario y trabajador de la prisión forman parte, no obstante, en un contexto, donde la administración de la justicia tiene el fin de proteger a la sociedad, de invertir en la dignidad y en las potencialidades de cada persona. - Una auténtica justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida, tanto de las víctimas como de los culpables, así como de las comunidades heridas por el mal. No hay justicia sin reconciliación.
8. Los errores no definen toda una vida - León XIV insistió en su deseo de hablar, sobre todo, de esperanza y de cambio, pues aunque la cárcel se vea como un lugar de soledad y desolación, puede convertirse en un tiempo de reflexión, de reconciliación y de crecimiento personal, de trabajo e incluso de estudio. - La vida no sólo se define por los errores cometidos, que generalmente son el resultado de circunstancias difíciles y complejas; porque siempre es posible volver a levantarse, aprender y convertirse en una persona nueva.
9. Dios nunca los abandonará - Al reafirmar que ninguno de ellos está solo, que son amados por sus familias y seres queridos más allá de los muros, recalcó que no deben temer ser abandonados por todos, porque "Dios nunca los abandonará y la Iglesia estará a su lado". Y en este contexto agradeció la labor de los que trabajan en este centro penitenciario: al Director, a los agentes y al capellán. Y a todos aconsejó: Piensen también en su país, en los jóvenes de Guinea Ecuatorial que necesitan ejemplos de perseverancia, de responsabilidad y de fe. Todo esfuerzo de reconciliación, todo gesto de bondad puede convertirse en una pequeña llama de esperanza para los demás.
10. La oración con los detenidos - Al concluir sus palabras, el capellán agradeció al Pontífice su visita y luego de explicar la labor de la capellanía en el acompañamiento espiritual y humano de los prisioneros y personal penitenciario, con la oración, la escucha, la preparación y celebración de los sacramentos, le entregó como un acto simbólico una cruz de madera realizada por los detenidos del centro. - El encuentro con el Santo padre concluyó con un momento de oración y la bendición apostólica. Esta es la oración: “Señor Jesús, Tú que dijiste: “Estuve en la cárcel y me visitasteis”, permanece cercano a estos hermanos y hermanas nuestros. Haz que nunca pierdan la esperanza y que descubran cada día que su vida tiene valor y futuro. Derrama tu bendición sobre todos los aquí presentes: sobre quienes están privados de libertad, sobre quienes trabajan en este lugar y sobre sus familias que esperan fuera. Que tu paz habite en sus corazones y que tu misericordia abra siempre caminos nuevos.”
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