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3. Modo CONSOLACIÓN – María Arias había transmitido a sus ocho hijos –sobre todo a José- que la fortaleza del alma se alimenta en la oración, y supo enseñárselo también a su nieta. Nunca olvidó Doloretes un secreto que su abuela le había desvelado y que se refería a su padre: - ¿Sabes por qué trabaja en silencio? Porque en cualquier lugar se puede alzar el alma, y él está siempre hablando con el Señor. ¿No has notado cómo le brillan los ojos cuando termina? (Carmen Guaita) CONSOLACIÓN. Historia de la madre María Rosa Molas, p 26
5. Modo CONSOLACIÓN – Su abuela María decía que era tenaz y humilde a la vez, pero su hermano José, para hacerla rabiar, la llamaba cabezota y encogida, con todas las letras. Doloretes, sin embargo, no rabiaba con la burla. Con toda seguridad era José quien llevaba razón, porque todas las cualidades que veía fácilmente en los demás no las reconocía en ella. (Carmen Guaita) CONSOLACIÓN. Historia de la madre María Rosa Molas, p 28
6. Modo CONSOLACIÓN - … por la noche, ya en la cama, la golpeó el remordimiento por la vanidad. Sintió primero una terrible vergüenza y luego la sacudida de un dolor muy hondo. Aquella presunción pueril -de su voluntad, de su retentiva- había disgustado al Señor. Él le decía muy serio: "¿Crees que a mí me satisface que te aprendas un libro? Hasta que no vivas ese Catecismo haciéndolo tuyo página a página, nada de lo que has dicho frente al párroco será verdad. ¿DÓNDE ESTÁ TU FE, DOLORES? ¿Dónde está tu esperanza? ¿Dónde tu caridad? ¿Se muestran solamente en las palabras? ¿Y en tu vida? Yo entregué por ti la mía". (Carmen Guaita) CONSOLACIÓN. Historia de la madre María Rosa Molas, p 34
7. Modo CONSOLACIÓN - Por entonces ya rondaba en ella una determinación clara. Tenía muy cerca, en el cariño de sus padres y en la plenitud de sus hermanos Antón y María, el ejemplo de la vida matrimonial. Se había dado cuenta de que eso era lo que su padre deseaba para ella, porque algunas veces -cuando se sentaban todos en torno a la mesa- decía, como de pasada: - Qué feliz seré cuando conozca a los hijos de todos mis hijos. - Ella sonreía, pero guardaba en silencio otra vocación. Brotaba de su alma como surgía de su cuerpo de adolescente una mujer, y de su pensamiento un carácter decidido. Sentía pasión por Jesús, por la invitación que hacía a quien le siguiera: "Ama, perdona...". Vivía enamorada de Él hasta lo más hondo, contemplarlo en la oración le había marcado por dentro huellas profundas y eternas, las del primer amor. Soñaba con consagrase a los pobres y dedicar la vida a consolar tanto sufrimiento como veía a su alrededor porque eso era lo que a Él le agradaba. Su madre conocía esta vocación pero su padre, con aquello de "los hijos de todos sus hijos", le preocupaba un poco. Además temía la vanidad. Si volviese a engañarla y ella no valiera para andar por aquel camino... Así que decidió ponerse a prueba. (Carmen Guaita) CONSOLACIÓN. Historia de la madre María Rosa Molas, p 36
8. Modo CONSOLACIÓN - Dolores agradecía la caridad con que la iluminaba porque, aunque era todavía niña, fray Salvador le hablaba de cosas profundas con mucha seriedad, como a una bachillera. - Es que hilas muy bien las ideas, hija, tienes talento varonil, le decía. - Era un gran halago, aunque a veces ella y sus amigas se preguntaban entre risas: "¿Será que las mujeres no pensamos?". Sin embargo aprendía mucho de aquel sacerdote. Aún conservaba muy recientes los recuerdos de un encuentro que la había inundado de alegría. (Carmen Guaita) CONSOLACIÓN. Historia de la madre María Rosa Molas, p 38
10. Modo CONSOLACIÓN - Ella había entendido perfectamente aquellas palabras porque enlazaban con las que Jesús susurraba en su alma. Y aun así, para ser a la vez humilde y generosa, como Él quería, se atrevía a corregir al poverello: "Yo sola no hay bien que haga. Toma mis manos y mi amor por ti, Señor, y haz Tú con ese poco el bien que quieras". (Carmen Guaita) CONSOLACIÓN. Historia de la madre María Rosa Molas, p 38
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