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27/5/26
1. 3. La dimensión social inherente al nombre - Los avatares del siglo XIX despertaron una nueva conciencia de lo social como constitutivo del ser humano. Por otro lado, junto a esta nueva mentalidad el siglo asiste a una explosión de vida religiosa femenina apostólica sin precedentes. Un hecho único de gran magnitud histórica y eclesial. La dimensión social será un elemento innato a la identidad de estas congregaciones. Por último, y con el fin de aquilatar esta reflexión previa, voy a hacer una consideración sobre el nombre como indicio de la toma de conciencia de a dimensión social congénita al carisma que dio identidad a las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación.
3. En la historia de la congregación de hermanas de Nuestra Señora de la Consolación esta importancia llega principalmente a través de la primera legislación, la Regla Común, que reproduce aquella de las Hijas de la Caridad. Así en el artículo 3 de los Estatutos leemos: La Congregación se acoge bajo el patronato de la inmaculada Virgen maría en el título de la Consolación y adopta como distintivo este nombre que recuerda los deberes de su Instituto (RC, art. 3).
4. Luego el artículo recuerda a las hermanas lo que debe ser la Congregación. Y en la Regla Común VI,1 se apuntala: Acordándose del nombre de hermanas de Nuestra Señora de la Consolación procurarán hacerse dignas de él con un sincero amor de Dios y del prójimo, y especialmente amándose unas a otras como hermanas unidas por Nuestro Señor para profesar la caridad (RC VI,1).
5. De nuevo, el nombre debe recordar los deberes no ya, como en el art. 3, del Instituto, sino de la Hermana. O sea, lo que una hermana debe ser para Dios, para el prójimo y entre ellas. Una importancia que se desdibujará con el pasar de los años pero que se recobra cuando el Concilio Vaticano II insta a los religiosos a definir su carisma (Perfectae caritatis, 2) y cristaliza en la formulación de las actuales Constituciones (1983): La Santa Madre puso al Instituto bajo su protección con el título de Nuestra Señora de la Consolación, nombre que expresa nuestro Carisma y sintetiza nuestra Misión (Cont. 7).
6. Por tanto, como en la tradición vicenciana, el nombre es expresión del carisma y de la misión, y la primera legislación recuerda la necesidad de vivir en coherencia con el mismo. Sin embargo, hizo falta el Concilio Vaticano II para redescubrir su vital importancia e íntima conexión con el carisma.
7. Algo que no fue así en la tradición de las Hijas de la Caridad quienes cuentan con innumerables citas, hasta sesenta, en las conferencias de San Vicente en las que insiste sobre este tema. - No transcribo, solo cito los textos que sor Ángela Infante trajo a colacion: (Vicente de Paúl, Obras completas, IX/1 (Sígueme, Salamanca 1972) 44. 86. 155-156. - IX/2,1026. 749.1071.1025-1026. 1014-1015. 1025-1026.
8. La Familia de la Consolación ciertamente no cuenta con una documentación tan prolija, sin embargo, sí con un hecho revelador presente en el decreto de don Ramón Manero. Ciertamente la frase: "En consideración a lo que V. me ha manifestado en nombre de la Rvda. Comunidad que tan dignamente preside", puede entenderse de dos maneras. La primera, es que ese primer núcleo fundacional le propone llamarse "Hermanas de la Consolación". La segunda, que ellas lo que están pidiendo es que les dé un nombre y es a don Ramón Manero a quien se debe la intuición del sustantivo consolación a tendiendo a lo que hacen, consolar.
9. Para la cuestión que ahora nos ocupa, una u otra opción sería indiferente, ya que resulta evidente la importancia que se otorga al nombre en el decreto fundacional. Sea que opte por una opción u otra, don Ramón Manero parecería alinearse con la tradición vicenciana, en el sentido de que la justificación que ofrece para denominarlas así es porque el nombre responde a la misión: Y atendiendo a que las obras en que de ordinario se ejercitan las Hermanas en su Instituto se dirigen todas a consolar a sus prójimos, ya cuando se hallen postrados en el lecho del dolor en los hospitales, ya también en los tiernos niños huérfanos que se cobijan bajo su protección y amparo. (Firmado por don Ramón Manero)
10. Precisamente por este motivo, personalmente me decanto por la opción de que ellas fueron las que propusieron llamarse así. Es decir, tuvieron no solo la capacidad de sentirse como algo nuevo, sino saberlo nombrar sintetizando su misión y su identidad apostólica en el nombre. Una importancia, como en la tradición vicenciana, que va a pervivir hasta llegar a las actuales constituciones en las que se reconoce que el nombre expresa el carisma y sintetiza la misión.
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