3/2/26
1. NOTA DE LA AUTORA (Carmen Guaita) - Los hechos de la vida de santa María Rosa Molas narrados en este libro son reales y están tomados de las biografías escritas por su confesor, el padre Sebastán León Tomás, por el padre Anastasio Sinués, por Madtre Esperanza Casaus y por la madre María Teresa Rosillo, hermanas de la Consolación. También se han obtenido de los documentos del proceso de su canonización, de los testimonios de sus contemporáneos y de las cartas escritas por ella misma. Las opimiones sobre su figura que se responden están documentadas. La mayor parte de las frases que ella pronuncia corresponden a sus escritos. – Modo CONSOLACIÓN
2. Los sucesos históricos reflejados también son reales, así como las hermanas, los sacerdotes, las autoridades religiosas, los gobernantes y, por supuesto, la familia de María Rosa. Las personas anónimas que van jalonando su camino aparecen mencionadas en las anteriores biografías y también son reales. Este libro solo añade a algunas de ellas un nombre y un rostro. – Modo CONSOLACIÓN
3. Así pues, la autora no ha novelado los hechos biográficos sino la forma de narrarlos, como recuerdos de la propia madre. Mirar desde dentro a una personalidad tan extraordinaria como María Rosa Molas ha sido un gigantesco reto y un maravilloso regalo. Agradezco a la madre Antonia Munuera, superiora general de las Hermanas de la Consolación, la supervisión y el constante apoyo; y al padre Rafael Serra, párroco de la parroquia de la Inmaculada Concepción y rector de la parroquia de Cristo Rey, de Reus, su inestimable ayuda para abordar la dimensión mística de santa María Rosa Molas. – Modo CONSOLACIÓN
5. PREFACIO - Santa María Rosa Molas y Vallvé nació el 24 de marzo de 1815 en un momento convulso de la Historia de España, la posguerra de la Guerra de la Independencia. Por entonces toda Europa se desangraba a causa de las gigantescas heridas de las campañas napoleónicas, que en aquel año del nacimiento de María Rosa -el de la batalla de Waterloo- duraban ya cinco lustros. La ambición de Napoleón Bonaparte -astro, ídolo de masas, guerrero y destructor- había arrasado gobiernos, dinastías y alianzas, pero sobre todo gente: millones de soldados y civiles murieron en sus campañas, que se anegaron en un profundo río de lágrimas. Durante los seis años (1808- 1814) en que las tropas francesas recorrieron España, fallecieron trescientas setenta y cinco mil personas en los combates o por las hambrunas que asolaron los pueblos. De la devastación a la miseria brotaron atroces epidemias. De la desmoralización social y política, una cadena de amotinamientos, revoluciones y guerras civiles -las carlistas- que golpearon sin piedad la espina dorsal del siglo XIX español. – Modo CONSOLACIÓN
6. Reus, el lugar natal de María Rosa, era en 1808 la segunda ciudad más poblada de Cataluña. Próspera e industriosa, campesina y burguesa, liberal hasta la médula, había atraído entorno suyo a un buen número de emprendedores. Al comenzar la guerra acogió también a centenares de refugiados que huían del asedio de Barcelona. Así llegó la familia del buen José Molas, artesano y comerciante, que ya quedó allí afincada. Enseguida la propia Reus se vio golpeada atrozmente por la campaña napoleónica. Como toda Cataluña, fue anexionada a Francia e incluso llegó a ser constituida capital del departamento galo de Bocas de Ebro. Así permaneció, sofocada y humillada, hasta 1814. Durante las décadas siguientes, en la infancia y juventud de María Rosa, Reus pasó sucesivamente de manos españolas a francesas, presenció motines y sublevaciones, inició algaradas que quemaron sus iglesias y conventos, fue cuartel general de carlistas, soportó asedios y bombardeos, enfermedades, hambre y tristezas. En sus calles céntricas y en sus arrabales vivieron, amaron y perecieron miles de personas cuyos nombres se ocultan bajo los laureles de los reusenses ilustres, como el político Prim, el pintor Fortuny o el arquitecto Gaudí. – Modo CONSOLACIÓN
7. Allí lloraron su soledad muchos ancianos y crecieron sin amparo muchos huérfanos que no entendían los vaivenes de la política sino los más humanos de la alegría y el dolor. Y a María Rosa, la muchacha alta, morena, callada e incandescente a quien en casa llamaban Doloretes, no le pasaron desapercibidas tantas penas. Ella las vio. Y las siguió viendo después, en Tortosa y en todos los lugares a los cuales la condujo esa mirada. Contó además, desde la infancia, con una dimensión mística, profunda y verdadera, que pasó casi desapercibida porque la mantuvo en silencio. Sin embargo, la profunda unión con Dios, a quien amaba y buscaba absolutamente, impregnó su vida entera y la llevó, en sus últimos años, a las moradas más altas de la espiritualidad. – Modo CONSOLACIÓN
8. María Rosa Molas y Vallvé, canonizada por la Iglesia católica en el año 1988, vivió en un tiempo que necesitaba consolación. Desde el principio comprendió esa llamada de sus contemporáneos y tendió las manos. Supo enseguida que a través de ellos le llegaba el grito doliente de toda la humanidad. Entonces pidió a sus hermanas que tendieran sus manos hacia el futuro, hasta hoy. Para siempre. – Modo CONSOLACIÓN
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