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8. Además de estas fundaciones, el epistolario registra peticiones de otras partes que no llegaron a formalizarse fundamentalmente por falta de titulación de las hermanas, ya que no todas eran maestras. Se trata de un periodo intenso y de consolidación del naciente instituto. Se abren siete casas en nueve años que suman diez con las de Tortosa. A diferencia del siguiente periodo marcado por la hostilidad, en este el sobreesfuerzo es debido al ingente trabajo que es poner en funcionamiento una obra: además del aparato burocrático y el ejercicio epistolar, la responsabilidad de dejar bien cerrados los contratos. Los incómodos y continuos viajes para supervisar las condiciones de los establecimientos e ir con las hermanas a inaugurar las casas, así como a visitarlas si surge algún problema. Por otra parte, de doce pasan a ser 74 hermanas. Un grupo humano mayor que hay que organizar con acierto y formas. Mucha alegría y esperanza porque el instituto crece, pero también más preocupaciones, ya que María Rosa se siente responsable de su vocación y de sus vidas y acude en su defensa y apoyo cuando lo necesitan.