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8. La enfermedad retrasa solamente la llegada de María Rosa, quien, cuando se recupera, pasa a vivir a la escuela. El ayuntamiento, sin embargo, vuelve a la carga y a la política de hostigamiento. Ahora le pide un inventario del colegio. Ella lo envía diligentemente, pero no se aprueba. Interviene entonces una inspección para verificarlo. Finalmente, el concejal, don Antonio Oliveres, encargado de la misma, da el visto bueno. En la misma línea, al poco tiempo la junta le comunica que ha cedido los locales de la escuela para otras actividades y, por tanto, tienen que trasladarse de allí. María Rosa gana un poco de tiempo elevando una queja el 15 de septiembre de 1869. Esta recibe respuesta al día siguiente: el ayuntamiento quiere comprobar si las razones que alega son suficientes.