8. Aquella imagen del vino nuevo que logra reventar los odres viejos es una buena metáfora para comprender lo sucedido con la vida religiosa femenina del siglo XIX, pues, gracias a Dios, el vino no se estropea. Es más, tiene la fuerza de romper los estrechos confines en los que, sin mala intención, comprimimos como podemos el don de Dios. Ahora bien, estirando la imagen se podría igualmente concluir que los viejos odres conceptuales del regalismo, la cruzada eclesial, la emancipación o el asistencialismo se muestran reductores e inadecuados para contener el misterio de esa explosión inusitada de la vida y, por tanto, la teología y la vida religiosa debe seguir trabajando para comprender su origen, ya que el futuro está siempre en los fundamentos.