9. En un siglo complejo, en el que las administraciones cambiaban de manos liberales a conservadoras y viceversa, estas mujeres nos dejaron el profundo legado de su audaz caridad, pues a pesar de todos los avatares que les tocó vivir, se mantuvieron ahí, como hábiles funambulistas, en la cuerda floja de un mundo que se prodiga en la defensa de los valores de la Revolución, mientras fueron ellas quienes llevaron adelante los principios de igualdad, fraternidad y libertad sin más sangre que la de su propia vida entregada a la causa de los pobres. Alejadas de la retórica política y eclesial vivieron entre los pobres y les hicieron sentirse iguales y hermanos yéndose a habitar con ellos. También alejadas de los focos de las cámaras y sin abanderar las proclamas del feminismo, estudiaron, se formaron fueron sacándose títulos de maestras y crearon escuelas para formación de niñas. Pusieron así las bases e hicieron posible el sueño de la igualdad de género, del acceso a la universidad y al mundo laboral que, en cierto modo, ellas iniciaron con su intrépido e inagotable apostolado.