8. Aceptado su divorcio con el Estado, el pontificado no volvió a recuperar de hecho su relación de antes. Es más, estos hombres y mujeres, que habían quedado diezmados, demostraron con su fidelidad que es posible tejer desde abajo y sin violencia los valores de igualdad, fraternidad y libertad que se habían querido imponer con terror en la Revolución francesa. Que el detonante para salir a la dimensión social fuera esta separación forzosa y su correspondiente disminución de privilegios, ¡pudiera ser! Pero también hay que admitir que la crisis les puso en el atolladero de decidir y su respuesta muestra que no solo aceptaron el reto, sino que estuvieron a la altura del mismo. De este modo, descubrieron su verdadera identidad modificando esa relación dudosa y tóxica con el Estado que ya nunca fue la de antaño.