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4. La profunda admiración mostrada por Sebastián León a lo largo de su biografía, pero también la de otros testimonios recogidos en las cartas y en las mismas actas de las juntas municipales, dan habida cuenta del reconocimiento de su superioridad moral y, con ello, de que ella no se debió relacionar de una manera infantil y dependiente. De hecho, más que ser sometida, parece que fue ella quien llevara las riendas de la iniciativa. Así se manifiesta en la estipulación de los contratos en la que ejerce un papel muy activo a la hora de imponer sus condiciones. En este sentido, concluyo que su manera de entenderse como mujer y religiosa debió ser atractiva, pero contra-cultural. Y que, sin duda, esta propuesta de vida contribuyó al desarrollo de la presencia femenina en la esfera pública y aun modo de relacionarse sin complejos de inferioridad.