4. A esta consideración se le añade otra más sutil y peliaguda y es que, comprendida así, no solo se confina a la vida religiosa femenina apostólica al ámbito del hacer, sino, además, de un hacer de corte asistencialista. Este hecho es todavía más mortífero porque implica una comprensión minimalista de la caridad reducida al ámbito paliativo, cuando toda la tradición bíblica entiende que la misericordia no es solo paliar sino crear. Y, además, enturbia la visión que se tiene sobre la función de la vida religiosa femenina apostólica en la vida y misión de la Iglesia, ya que reducirla al asistencialismo es otra forma de enclaustrarla, posiblemente distinta a lo que sucedió antes del siglo XIX, pero igualmente letal. Aun con todos los avances que se han dado en este sentido, a veces no se han superado del todo las mentalidades que, si bien ya no destierran como antes a la mujer a la casa, sí las encorsetan a ciertas funciones. Y mientras la asistencia y el servicio se ven como propio de esta, cuesta más imaginarlas y aceptarlas en funciones de docencia o de gobierno. Y aunque de iure nuestra sociedad predique y proclame a los cuatro vientos la igualdad, de facto existe un techo de cristal infranqueable.