3. Soy consciente de que la estrecha conexión entre carisma e historia, o mejor, que la dimensión social innata a cada carisma nos puede jugar malas pasadas a la hora de intentar formular el sentido último de estos institutos femeninos de corte apostólico. Pero si bien es cierto que estas congregaciones nacieron en estrecho contacto con el dolor de la humanidad y siendo una respuesta de Dios a las innumerables carencias de aquellas sociedades, planteado así, se puede terminar relegando o minimizando su función al ámbito del hacer y no del ser. - De hecho, y en mi opinión, parte de la crisis que llega hasta nuestros días, arraiga en haber escorado su identidad desde el hacer o en haberse definido desde las obras apostólicas. En ocasiones, cuando me preguntan por mi carisma y respondo que es consolar, algunas personas me dicen: "Ya, pero ¿qué hacéis?, ¿estáis en colegios o en hospitales? Es decir, en el imaginario común ha calado muy hondo que el sentido de la vida religiosa femenina es atender unas determinadas necesidades. El problema es que cuando estas ya no existen o bien sus funciones las ha asumido el Estado o las están haciendo ahora los laicos, es inevitable que se entre en una crisis de identidad, pues ya "no servimos para hacer lo que hacíamos".
