2. Pues bien, aun cuando no me parece del todo incorrecto, ante este tipo de afirmaciones también me formulo los siguientes interrogantes: primero, si estos institutos apostólicos han nacido simplemente para hacer frente a una demanda social que el Estado del siglo XIX era incapaz de cubrir, ¿su existencia y razón de ser dejaría de tener sentido en nuestros días? Ya que actualmente la administración pública se encarga de ello. La segunda pregunta que me provoca este tipo de silogismo es por qué esta misma consideración no se hace en referencia a las órdenes religiosas masculinas de corte apostólico y que, supuestamente, también han nacido para lo mismo: para atender una determinada necesidad.