8. A partir de marzo de 1864 se comienza a fraguar la expansión del Instituto por la provincia de Tarragona. Se trata del hospital y la escuela de Ulldecona. El ayuntamiento, interesado en que las Hermanas de la Consolación se instalen allí, contacta con María Rosa a través del párroco, Agustín Lluch. Sin embargo, maría Rosa le responde una misiva sobre el modo correcto de proceder, pues la solicitud debía cursarse primero al obispo diocesano, para que no quedase como una “gestión particular” sino que tuviera un cariz oficial. No obstante, ya en la carta le da una especie de respuesta positiva, pues le indica que despachará gustosa la petición siempre y cuando las condiciones fueran favorables y, a pesar de que no tiene muchas hermanas, su única aspiración es que “el pobre sea servido y Dios loado”. Por tanto, está dispuesta a ir. Las autoridades municipales proceden según lo indicado y el 21 de abril de 1864, precio acuerdo con don Benito Villamitjana, obispo de Tortosa, envía cuatro hermanas para hacerse cargo de la escuela hospital. Estas hermanas según los anales del pueblo, conquistaron “muy pronto la simpatía y el afecto del vecindario”.