13/6/26

7. Es probablemente su última carta, ya que la escribe prácticamente un mes antes de su muerte, el 11 de junio. Se podría decir que, hasta el último momento de su vida, María Rosa tiene que lidiar con la administración pública para defender tanto a los más vulnerables como a las religiosas. Aunque las últimas palabras que pronunció antes de partir de este mundo fueron déjenme marchar, no menos significativas resultan las que aquí se escriben: En vista de la abnegación que durante un año vienen dando prueba esas buenas hermanas, hallándose privadas de lo necesario en una cama regularmente arreglada, y más aún, faltándose a lo estipulado por esa corporación, me veo en el sensible caso que, a no cumplirse lo convenido sobre este particular del modo muy decente, no solo las hermanas no se incorporarán al nuevo establecimiento, sino que, creyéndose fuera del compromiso, según el mismo convenio, me sería inevitable retirarlas de esa villa, lo cual espero evitará por su celo esa ilustrada corporación. – Entre el uno y el otro traslado de establecimiento, y ya bastante deteriorada, María Rosa inicia los trámites para fundar el colegio de Benicarló. En enero de 1976, comienza a mover el asunto ayudada por el párroco Tomás Llasat. Este realizo las gestiones pertinentes para poner en marcha su apertura. La escuela de niñas se inaugura el 1 de febrero. Como las dos últimas fundaciones, se trataba de una escuela privada de la que el ayuntamiento no toma parte, aunque se le comunica.