4. Superado el episodio, el proyecto de abrir un internado en Mora planeado un año antes puede ver la luz el 16 de noviembre de 1866. Este día se inaugura. El proceso nos lo detalla A. Sinués. Lo primero que se busca es un local. En esta ocasión será una casa de una mujer viuda, doña Antonia Piñol. Antes de habitarlo se requiere hacer obras. Para ello la población hizo cuantiosos sacrificios. Portes provenientes de limosnas y donaciones benéficas que iban tanto para funcionamiento del edificio como para la manutención de las hermanas. El esfuerzo vale la pena y la población se siente orgullosa, ya que el colegio fue un referente para los pueblos de la comarca. Es más, algunas alumnas venían de poblaciones vecinas a formarse. De este colegio precisamente contamos con un documento inédito conocido como Reglamento de Mora. En este se detallan los programas de estudio y la normativa a seguir en el centro. Una visión de la educación que junto al capítulo IX de la Regla Común, a juicio de la historiadora Esperanza Casaus, constituye un indicio en el que “se pone de manifiesto que los colegios y escuelas de la Consolación se rigen por unos principios educativos claros: unos objetivos pedagógicos definidos: formación cristiana, calidad de enseñanza y pedagogía del amor; unos medios concretos a base de eficacia, cercanía, presencia, diálogo, acogida, sencillez, clima de familia.