6/6/26

10 Sin sosiego, y ya de cara al verano, la municipalidad de Ulldecona exige a las hermanas jurar la Constitución aprobada en 1869. Estas escriben a maría Rosa, quien las desaconseja hacerlo. Es más, el 8 agosto ella misma dirige una carta al alcalde en la que le puntualiza y advierte que las hermanas no son funcionarias públicas. Además, le argumenta que en ninguna otra ciudad donde se hallan se les ha hecho realizar este acto, por lo que de ahí se infiere la ilegalidad ya que no es una exigencia establecida por el Gobierno. Preso de sus propios argumentos, el alcalde se tiene que retractar públicamente, pero como buen arrogante, no puede soportar perder e incrementa la violencia por otros medios que sí están a su alcance: les retira la subvención. El pueblo de Ulldecona se vuelca entonces con ellas y el vecindario paga una suscripción para poder mantener la obra. Sin embargo, quien no tiene argumentos recurre a la intimidación mezquina y callejera mediante insultos vejatorios y denigratorios. En un primer momento María Rosa se dirige en una carta al párroco y amigo, Agustín Lluch, para que las apoye, pero viendo el incremento de intimidación, se llega a plantear retirar a las hermanas. Algo que después no se efectúa.