20/5/26

8. No deja de ser paradójico que los valores que impulsan la Revolución francesa sean profundamente cristianos: la libertad, la igualdad, la fraternidad. Es más, en ciertos entornos eclesiales fueron hasta bienvenidos. Sin embargo, y paradójicamente, se impusieron de forma violenta y contradictoria, ya que se mató por religión i ideología y, en este sentido, no hubo realmente libertad de expresión ni de elección. En cierto modo, el trato de favor y los privilegios conferidos al clero y a la vida religiosa no eran admisibles ni compatibles con los principios de igualdad. Ahora bien, no bastó con la desapropiación y expoliación de conventos, bienes y bibliotecas, sino que, liderado por Robespierre, entre 1793-1794 se impone el terror y la descristianización. Matan así a sacerdotes, religiosos, obispos, laicos y grupos de fanáticos bloquean la actividad pública de la Iglesia. EL SIGLO XIX, UN “SIGLO DE REVOLUCIONES”