8. Considerándose ya dueña de sí misma, por haber llegado a la mayoría de edad, y que su padre podía muy bien pasarse sin ella, atendida la edad, salud e intereses en que le dejaba, resolvió a todo trance después de muy consultado el caso, entrar en religión. Pero ¿cómo realizarlo? No tenía un céntimo de dote, no tenía madre, debía cautelarse de su padre, no contaba con persona que le proporcionase siquiera equipo de ingreso, no conocía propiamente instituto o congragación alguna de hermanas de la Caridad, pues no lo había en Reus, y nada conocía fuera de Reus.