31/5/26

6. Y no es simplemente porque las mujeres no podían intervenir en la esfera pública, pues cuando los consideraron oportuno irrumpieron en el debate político, sino porque, en vez de dedicarse a la demagogia, vivieron más eficaz como motor para propiciar un cambio entregarse a sus hermanos y empoderarlos. Quizás a ellas les debamos la profesionalización de la mujer, su entrada en el ámbito laboral, la mayor implicación de los gobiernos en la gestión de lo público, el hacer realidad la educación gratuita y obligatoria para todos, el acceso a la sanidad pública y un largo etcétera. Viendo el penoso espectáculo político entendieron que el camino iba por otros derroteros distintos a la erudición. Su férreo compromiso con Dios y los hermanos no les hizo unas ingenuas. Su profundo sentido de la obediencia distaba mucho del infantilismo y de la falta de opinión. Así pues, no solo lucharon para que no se instrumentalizase su caridad, sino que hicieron mucho más: enseñaron a la administración pública a responsabilizarse de sus obligaciones para con la sociedad. El nutrido epistolario de María Rosa da cuenta del tedioso esfuerzo de sensibilización y de repetida apelación a sus deberes.