6. Pues bien, contrario a todo pronóstico, a pesar de la decrepitud del número de sacerdotes y religiosos y lo complicado de su formación, la Iglesia gana en autonomía. Ya que los párrocos son nombrados por el obispo y pastoralmente son más cercanos a la gente. También su cualidad vocacional es mayor. El episcopado que venía guarnecido por la nobleza ahora es regentado por sacerdotes en las diócesis, mientras se centraliza en la persona del Papa, hacia quien aumenta la estima del pueblo debido a los sufrimientos causados por los múltiples confinamientos en este siglo (1799,1808, 1831, 1848). En la misma proporción que se debilita el poder papal de antaño, aumenta su prestigio moral. LA FEMINIZACIÓN DEL CATOLICISMO