6. La traducción política de este posicionamiento será el anti-absolutismo y el anti feudalismo. Es más, el Estado ha de ser limitado y para ello ha de basarse en la soberanía popular, ya que todos los individuos son iguales. En consecuencia, el ser humano no es un súbdito, sino un ciudadano y, por ello, un sujeto de derechos que deben ser iguales para todos. Sazonan, además, este periodo otras dos corrientes que tendrán gran influencia en el pensamiento. Se trata del nacionalismo y del romanticismo. Ambos movimientos, mezclados con el liberalismo, tiñen de un color particular las diferentes revoluciones diseminadas por distintos puntos geográficos, especialmente del continente europeo, pero no solo. EL SIGLO XIX, UN “SIGLO DE REVOLUCIONES”