6. Además de ofrecer varios textos en los que san Vicente habla de la consolación, sacó a relucir uno de vital importancia, ya que se leía el día en que se ingresaba en el instituto y, en su opinión, estas palabras debieron calar hondamente en María Rosa Molas: Hijas mías, sabed que, cuando dejéis la oración y a la santa Misa por el servicio a los pobres, no perderéis nada, ya que servir a los pobres es ir a Dios y tenéis que ver a Dios en sus personas. Tened, pues mucho cuidado de todo lo que necesitan y vigilad particularmente en ayudarles en todo lo que podáis hacer por su salvación, que no mueran sin los sacramentos. No estáis solamente para su cuerpo, sino para ayudarles a salvarse. Sobre todo, exhortadles a hacer confesión general, y soportad sus malos humores, animadles a sufrir por el amor de Dios, no os irritéis jamás contra ellos y no les digáis palabras duras, bastante tienen con sufrir su mal. Pensad que sois su ángel de la guarda visible, su padre y su madre, y no les contradigáis más que en lo que les es perjudicial, porque entonces sería una crueldad concederles lo que piden. Llorad con ellos, Dios os ha constituido para seáis su consuelo.
