5. Por analogía, y ya en referencia al siglo XIX, nuestra argumentación sigue la misma línea. La nueva situación requería una respuesta nueva y el Espíritu bendijo el sufrimiento de la iglesia por derroteros inesperados, pero con un estallido de vida fecundo e imparable. El hecho teologal no resta fuerza ni entra en dialéctica con el social. Estoy convencida de que el estilo de vida de estas religiosas, su audacia y valentía fue, sin duda, una propuesta y una alternativa atractivas para otras muchas mujeres. Pero no olvidemos que, siendo una opción contracultural, la emancipación tuvo un precio, ya que tuvieron que ganarse palmo a palmo este espacio público y también el respeto.