5. Es cierto que el Papa se reservó el reconocimiento y aprobación de las nuevas órdenes y este hecho probablemente ayudó a su nacimiento. El nuevo estatuto jurídico que reconoce por fin la posibilidad de que las mujeres religiosas profesen los votos simples requería la aprobación de Roma. peor no solo en esta materia se centralizó la autoridad de la Iglesia en la persona de los pontífices. Resulta inadecuado pensar que se trataba un plan calibrado y urdido. Lo único que se puede afirmar es que la jerarquía eclesiástica acoge el hecho, pero no lo crea. Con ello no negamos que una vez en marcha se haya buscado utilizar la vida religiosa femenina sea por parte de gentes de Estado o de miembros de la Iglesia, pero ni el grado de tentativo implica su consecución, ni el hecho de que a veces se haya conseguido nublar su origen, que nosotros ubicamos en Dios.