3. A) Doble orfandad. Un acicate para fortalecerse - Desde que manifestó querer ser religiosa (1831) hasta que ingresa en la Hermandad de Reus (1841) transcurren diez años. No solo la negativa de su padre, el cólera que acaba con vida de su madre en 1834 pospone su ingreso en las Hijas de la Caridad. De repente, le toca asumir las riendas de la casa y madurar rápidamente en medio de un dolor sin precedentes y sin su principal referente: María Vallvé. Por eso, María Rosa tuvo que sentir un doble orfandad, la lógica por el fallecimiento materno y la debida por la inexplicable negativa paterna. Quien en la visión popular aparecía como un hombre devoto, en el fuero interno se resistía a que su hija se consagrara a Dios. Un contraste perfectamente comprensible, pero también generador de confusión, asombro y de mucha soledad para ella.