2. Por si los ánimos no estaban enardecidos, la desamortización de Mendizábal (1835) provocó una escalada de saqueos y excesos contra los frailes. Concretamente en Reus les culparon de un brote de cólera, ya que se corrió el bulo de que ellos habían envenenado las aguas. Las consecuencias fueron letales. El 21 de julio de 1835 incendiaron el convento y asesinaron a varios eclesiásticos. Más adelante, en 1838, otro episodio volvió a teñir de sangre la ciudad, una trampa diseñada por el ejército carlista puso fin a la vida de 149 jóvenes reusenses conocidos como los mártires de Morell y Villalonga.