10. Precisamente por este motivo, personalmente me decanto por la opción de que ellas fueron las que propusieron llamarse así. Es decir, tuvieron no solo la capacidad de sentirse como algo nuevo, sino saberlo nombrar sintetizando su misión y su identidad apostólica en el nombre. Una importancia, como en la tradición vicenciana, que va a pervivir hasta llegar a las actuales constituciones en las que se reconoce que el nombre expresa el carisma y sintetiza la misión.