10. La reacción ante los reiterados ataques contra la Iglesia no se desarrolló mediante armas, sino con argumentos y con el ejemplo. Es decir, los creyentes que perseveraron, laicos y clero, asumieron el principio de igualdad inculcado por la Revolución y desde ahí ejercieron su derecho a defenderse de la persecución ideológica y sistemática a la que fueron sometidos. El descrédito y la infamia con la que fueron vilipendiados no jugaron a su favor, ya que el juicio social no era imparcial y se llegó a ver la religión como algo trasnochado y obsoleto que atentaba contra la libertad humana. Mucho más los votos religiosos (Álvarez Gómez). Pues bien, en el escenario de lo social, pero además desde sus lugares más recónditos, sórdidos y miserables, muchas religiosas y religiosos lograron recuperar poco a poco la credibilidad perdida. Y, si ciertamente se debilitó su poder e influencia es la esfera de lo político, en la misma proporción aumentó su prestigio moral en el ámbito de lo social, al que se dedicaron con ahínco.