Himno: SIN DEJAR LA DERECHA DE SU PADRE, y para consumar su obra divina, el sumo Verbo, que ha venido al mundo, llega al fin a la tarde de su vida. Antes de ser, por uno de los suyos, dado a quienes la muerte le darían, en el vital banquete del cenáculo se dio a los suyos como vianda viva. Se dio a los suyos, bajo dos especies, en su carne y su sangre sacratísimas, a fin de alimentar en cuerpo y alma a cuantos hombres en este mundo habitan. Se dio, naciendo, como compañero; comiendo, se entregó como comida; muriendo, se empeñó como rescate; reinando, como premio se nos brinda. Hostia de salvación, que abres las puertas celestes de la gloria prometida: fortalece y socorre nuestras almas, asediadas por fuerzas enemigas. Glorificada eternamente sea la perpetua Deidad, que es una y trina, y que ella finalmente nos conceda, en la patria sin fin, vida infinita. Amén.