2. Otro factor a favor de la expansión fue la buena relación con el obispo Villamitjana y el profundo afecto que siempre manifestó a las Hermanas de la Consolación. Así lo indicó Juan Corominas: “no he encontrado –solía decir- en toda la diócesis otras Hermanas que estas, que son pocas poco arraigadas, y es menester, conocido su buen espíritu, protegerlas hasta lograr, si fuere posible, que las hubiese en todas las parroquias”. A diferencia del anterior periodo marcado por el continuo cambio, contribuye a la consolidación de la fundación que la etapa episcopal en Tortosa de don Benito Villamitjana sea relativamente larga y coincida con los primeros pasos del Instituto hasta la muerte de María Rosa (18769. De hecho, va desde el 15 mayo de 1862 hasta 1876.