7. El hecho de que Estivill en 1849 se viera en la coyuntura de editar precipitadamente las reglas de la Hermandad es una muestra más de que se empezaban a sentir discrepancias dentro de la Corporación y de que se estaba poniendo en cuestión su autoridad. Ese año María Rosa va destinada a Tortosa y, posiblemente, el recuerdo que guarda de la Hermandad es el que vio siendo joven: hermanas completamente dedicadas y consagradas al bien del prójimo. Sin embargo, poco a poco, desde la distancia y conectando las evidencias, las doce hermanas fueron madurando la idea de separarse de la casa madre de Reus. Para ellas no era suficiente hacer la caridad. Solo podían entender esta misión dentro de la Iglesia. – Y en este sentido, sale a la luz una importante componente carismática de la dimensión social como la eclesial y, por eso, su ejercicio se realiza y desarrolla en profunda comunión con la Iglesia, con sentido de cuerpo y como parte de su misión evangelizadora.