7. Como hemos visto, se trata de un periodo muy agitado. Las Hermanas de la Consolación sufren en Vinaroz y Ulldecona los desmanes de sendos alcaldes, que, erguidos de autoridad y paradójicamente creyéndose liberales, actúan como déspotas. Contraviniendo, de este modo, lo legal y haciendo caso omiso al sentir de la población que reacciona en favor de las religiosas. María Rosa misma experimenta en la propia carne la manía persecutoria de una junta tortosina que le instiga con obstáculos burocráticos y la pone entre las cuerdas para forzar la dimisión de su plaza de maestra. Ella aguanta los envites y no se arredra elevando una y otra vez quejas a las autoridades competentes, que, aunque no quieran, tienen que darle la razón. Y cuando menos se lo esperan renuncia a su plaza y abre en la misma calle una escuela, llevándose con ella al alumnado.