8/6/26

4. Tres meses después, en septiembre de 1870, hace aparición en Barcelona un brote de fiebre amarilla. La municipalidad tortosina, anticipándose a la llegada de la peste, pacta establecer un lugar para atender a los enfermos y evitar, así, su propagación en la comarca. En esta coyuntura el alcalde José Goter baja las armas y el 18 de septiembre remite un oficio a María Rosa pidiéndole cortésmente que se hiciera cargo del lazareto. Ella responde al día siguiente, aduciendo que, consultadas las hermanas “están dispuestas a sacrificarlo todo en pro de nuestros hermanos” y que “se han brindado gustosamente por si sus servicios fueran bastantes a aliviar la suerte del prójimo en el no esperado caso de pruebas”. El alcalde se apresura a contestarle el 20 septiembre agradeciéndole su comportamiento no solo en esta ocasión sino “en todas las aciagas épocas de desolación y terror que han ocurrido en este vecindario”. Probablemente haciendo alusión al episodio de cólera de 1865.