4. Así como la música no está en el papel, solo suena si se toca la partitura, tampoco el carisma de consolar existe si no se vive. Las notas musicales son esos elementos objetivos, ya que interpretar no es inventarse la melodía. Ahora bien, un pentagrama no es suficiente para que la música suene, hay que tocarla, y esto supone que el que interpreta deja también algo suyo en la composición. Por tanto, interpretar no es repetir una partitura, sino profundizar en su sentido mediante una apropiación del número teologal que nunca se agota y es siempre nuevo.