2. El año 1865 se abre con la fundación del colegio de Mora el 6 enero. Inauguración a la que acudió María Rosa Molas. T oda una fiesta que levantó gran expectación. Lo cual es lógico, ya que gran parte de la población había estado implicada en su llegada. El carácter de la obra cifrado como privado, es en realidad una fundación procurada por la generosidad del vecindario y, por tanto, popular. Tal como relata Sinués, tras aquella visita de María Rosa y sor Loreto Ortiz en 1864, el párroco se pone manos a la obra. Reúne a toda la junta municipal y a un grupo de contribuyentes, a quienes propone aportar una cuota mensual durante tres años tanto para retribución y manutención de las hermanas como para la obra. Esto es, el alquiler del salón de la escuela y la habitación de las religiosas. Además, concierta con ellos adjudicar a alguna de ellas una plaza pública de maestra que estaba a punto de vacar. - En seis meses de colegio ya es un referente, y nuevamente por iniciativa del obispo Villamitjana se fragua otra propuesta. Tras una entrevista sostenida el 15 de junio de 1865 en Mora de Ebro, se determina ampliar el radio de acción de la escuela y abrir un internado. Sin embargo, el proyecto se tendrá que posponer por un imprevisto. En septiembre de ese mismo año se propaga en Tortosa un brote de cólera asiático. Las autoridades recurren a María Rosa y a las Hermanas de la Consolación, quienes accedieron gustosas a cuidar a los enfermos. El gesto mereció el reconocimiento y el agradecimiento sincero de la población y del mismo presidente. Así queda registrado en la carta fechada el 5 de diciembre de 1865 que les remite don Felipe Tallada de parte de la junta del Hospital de la Santa Cruz (Tortosa). - En seis meses de colegio ya es un referente, y nuevamente por iniciativa del obispo Villamitjana se fragua otra propuesta. Tras una entrevista sostenida el 15 de junio de 1865 en Mora de Ebro, se determina ampliar el radio de acción de la escuela y abrir un internado. Sin embargo, el proyecto se tendrá que posponer por un imprevisto. En septiembre de ese mismo año se propaga en Tortosa un brote de cólera asiático. Las autoridades recurren a María Rosa y a las Hermanas de la Consolación, quienes accedieron gustosas a cuidar a los enfermos. El gesto mereció el reconocimiento y el agradecimiento sincero de la población y del mismo presidente. Así queda registrado en la carta fechada el 5 de diciembre de 1865 que les remite don Felipe Tallada de parte de la junta del Hospital de la Santa Cruz (Tortosa):