9. Luego, si ciertamente estas circunstancias contribuyen a la proliferación de la presencia de vida religiosa femenina en instancias públicas, no explica su origen último. Su explosivo nacimiento constituye un fenómeno propio del siglo XIX y, aunque el contexto histórico-social aporta alguna pista sobre su rápido desarrollo y expansión, no es suficiente para dar razón de su origen o de su vitalidad. EN CONTINUO DISCERNIMIENTO