2. Su vertiginoso crecimiento en el siglo XIX cambió de hecho la fisonomía eclesial hasta el punto de que algunos estudiosos hablan de la feminización del catolicismo o de la feminización discursiva de la religión. Un fenómeno sobre el que todavía hoy se sigue debatiendo, porque se entra rápidamente en dialécticas excluyentes como si el hecho de ser un "objeto historiográfico de primera magnitud" restara profundidad a su esencia religiosa. O, por el contrario, por el hecho de pertenecer al ámbito eclesial se sospeche y se tilde rápidamente de ideológico, plan urdido y, por este motivo, no se convierta en un objeto de estudio e interés para la ciencia histórica ni para la sociología, perdiendo por el camino elementos importantes como, por ejemplo, la importancia de la vida religiosa femenina apostólica del siglo XIX en la profesionalización de la mujer y en su entrada en el ámbito público y laboral. En este sentido, estoy de acuerdo con la llamada a la no simplificación que hace Ana Yetano: La naturaleza del hecho congregacionista es compleja. Religiosa y eclesiástica, social y profesionalmente. Su personalidad histórica está hecha de equilibrio entre elementos de signo contrario. Aúna, como forma de la vida religiosa, lo nuevo y lo viejo, la utopía y el pragmatismo, el claustro y la presencia en el mundo, el valor femenino de la retaguardia y la voluntad decidida ya de profesionalización y salida del hogar de la mujer.