10. 4. Conclusión - La dimensión social innata al carisma de consolar tiene que ver con su nacimiento. Y este origen, a su vez, se enmarca en un periodo particular sea a nivel sociocultural como eclesial. Así pues, la Revolución francesa no fue simplemente un hecho histórico más o menos violento, sino el fin de una época y de una forma de pensar marcada por la desigualdad teocrática y antropológicamente justificada. Anclados en el principio de paridad, los ciudadanos se hacen más conscientes de sus derechos y deberes, así como de su participación activa en la construcción de la sociedad. Este cambio copernicano genera una desestabilización de los antiguos sistemas y se traduce en una oleada encadenada de continuas revoluciones más o menos virulentas, de las que es difícil mantenerse al margen. Por tanto, el siglo XIX podría ser perfectamente bautizado como el siglo de lo social o, al menos de un resurgir vigoroso de esta conciencia.