13. XII estación JESÚS MUERE EN LA CRUZ - Del Evangelio según san Juan (19,28-30) Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: «Tengo sed». Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. De los escritos de san Francisco de Asís (Carta a los fieles II, 11-13: FF 184) Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, que él nos dio y que nació por nosotros, se ofreciera a sí mismo por su propia sangre como sacrificio y hostia en el ara de la cruz; no por sí mismo, por quien fueron hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos ejemplo, para que sigamos sus huellas. «Todo se ha cumplido». No significa que todo ha terminado, sino que el motivo por el que tú, Jesús, te hiciste uno de nosotros, ha llegado a su plenitud; has cumplido la misión que el Padre te confió y ahora puedes volver a Él y llevarnos contigo. De ahora en adelante sabemos que dejándonos atraer por ti, alzando nuestra mirada hacia ti, nos encontramos ante Aquel que nos reconcilia, que cancela nuestra “deuda”, que nos introduce en el Santuario que es la misma vida de Dios. Nos encontramos ante Aquel que, realizando el fin de la encarnación, nos da la posibilidad de realizar el sentido profundo de nuestra misma vida: ser hijos de Dios, ser la obra maestra de Dios. Ayúdanos, Señor, a acoger el don del Espíritu Santo que has derramado sobre nosotros ya en la hora de tu muerte en la cruz, y haz que contigo también nosotros podamos pasar de este mundo al Padre.