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16. INVOCACIÓN FINAL Y BENDICIÓN - Al finalizar este Vía Crucis, hagamos nuestra la oración con la que san Francisco nos invita a vivir nuestra existencia como un camino de progresiva participación en la relación de amor que une al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén (Carta a toda la Orden 50-52: FF 233).