18/2/26

MIÉRCOLES DE CENIZA. Tres ejercicios para llegar a una meta. Tres propuestas que nos ayudan a cambiar nuestra vida, a la conversión, para poder conseguir una respuesta que transforme nuestra vida. Tres acciones pequeñas, personales, constantes que nos acercan a un encuentro que cambiará para siempre nuestra vida. Comenzamos la cuaresma. Cuarenta días de 'gimnasio' para que nuestro corazón pueda reconocer al Señor. Los ejercicios nos abren a ese reconocimiento de Él como Señor de nuestra historia. ¿Dónde buscarle? En nosotros mismos con el ejercicio del ayuno, de vaciar nuestra vida de aquello que lo esconde, que lo tapa, que dificulta encontrarlo en nosotros mismos. Un ayuno de lo que nos 'ciega' y no podemos verle para seguirle, para llamarle Señor. El segundo ejercicio es la limosna. Un ejercicio de abrir lo que somos a al prójimo, a los que viven cerca y tienen una necesidad. El centro de este ejercicio de dar y darse son los otros. En ellos también está el Señor, en ellos también tengo que descubrir su rostro. El tercer ejercicio es la oración. Es la apertura a Dios. Es mantener, acrecentar, dejar tiempos y momentos para Dios en nuestra vida. Escucharle, dejar que llene nuestros silencios, abrirle con confianza nuestra vida para que la llene de su presencia. Crecer en esa relación íntima y madura. Estos tres ejercicios son de cada día... y tienen una manera de hacerse, de realizarse, es en secreto. Entre tú y Dios... será Él, 'que ve en lo secreto', quien te recompensará. Ejercicios para ver, para sentir, para reconocer, para gritar, para responder con nuestra vida al Señor, que está vivo y presente en nuestro mundo, en nuestra historia. #BNdiaria