3. Nada ha causado a la Iglesia un daño más trágico, ni ha comprometido más nuestro testimonio, que la corrupción surgida dentro de nuestra propia casa. La peor crisis de la Iglesia no ha sido provocada por la oposición secular, sino por la corrupción eclesiástica. Las heridas infligidas necesitarán tiempo para sanar. Claman por justicia y por lágrimas. “CAERÁN MIL”