25/2/26

2. Las caídas pueden humillarnos cuando estamos hinchados de orgullo, mostrando el poder de Dios para salvar. Pueden convertirse en hitos en un itinerario personal de salvación, que recordemos con gratitud. - Sin embargo, no podemos permitirnos ser ingenuos. No toda caída termina en exaltación. Hay caídas que exhalan un hedor infernal, que traen destrucción al culpable y arrastran ruina a su paso. Ese rastro suele ser amplio y prolongado, alcanzando a muchos inocentes. Necesitaremos fortaleza para acercarnos, con Bernardo, al versículo del Salmo 90 que comienza: «Caerán mil a tu lado, diez mil a tu derecha». “CAERÁN MIL”