10/2/26

3. Después de todo lo estudiado (y vivido) a propósito de este tema, ¿qué rasgos “anatómicos” diría que identifican a la esperanza? - La estructura anatómica de la esperanza consta de cuatro elementos. Primero, es determinante la categoría posibilidad. Consiste en creer que no todo está escrito, ni determinado, sino que existe la posibilidad de cambiar, de mejorar, de transformar la realidad. Sin esta categoría, no hay espacio para la esperanza. La fatalidad de la tragedia griega no deja hueco para la esperanza. - El segundo elemento es el futuro. Consiste en creer que hay lugar para el futuro, lo cual significa articular un discurso contracultural, pues en la narrativa postmoderna al uso el futuro no existe. Solo cabe esperar el naufragio colectivo, por lo que se debe vivir el presente intensamente. Es la vía del ‘carpe diem’ a la desesperada. La tercera categoría es la fe, la confianza en que ese futuro noble, digno, bello puede abrirse camino. No es una evidencia, tampoco el resultado de un cálculo de probabilidades. Es fe, confianza. Consiste en creer que no estamos solos, que tenemos la capacidad de aprender de las miserias del pasado. El último elemento es el bien arduo. La esperanza no es el optimismo ingenuo. Contempla que el bien es arduo, difícil de conquistar. Por eso, es indispensable la acción comunitaria, la persistencia en el tiempo, la tolerancia a la espera y confiar que, en esa lucha por ese bien arduo, Dios actúa enigmáticamente a través de un ejército de hombres y de mujeres de buena voluntad que se dejan la piel para mejorar la vida de los demás. SOBRAN CÍNICOS Y FALTAN TESTIGOS DE ESPERANZA