8 (II) Pero en medio de esta experiencia me doy cuenta de que la compasión no es mía, sino un don que Dios me ha dado. Yo no puedo abrazar al mundo, pero Dios sí. Yo no puedo rezar, pero Dios sí puede rezar en mí. - CONVERTIRSE EN MUNDO, Mi diario en la abadía Genesee pp 170-171 (Ejercicios espirituales en la vida ordinaria 2026)