6. (I) Imagínate que no tuvieras ninguna necesidad de juzgar a nadie. Imagínate que no desearas determinar si uno es buena o mala persona. Imagínate que fueras completamente libre de la tendencia a hacerte una composición mental sobre la moralidad de la conducta de las otras personas. Imagínate que pudieras decir: "¡No juzgo a nadie!". - Imagínate... ¿No sería esto la verdadera libertad interior? - Aquí y ahora pp 57-58, Heri Nouwen, DESCARGARNOS DEL JUICIO
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