6. En primer lugar, nuestra vida misma es el mayor don que podemos dar, algo que olvidamos constantemente. Cuando pensamos en nuestro darnos mútuamente, lo que nos viene inmediatamente a la mente es la entrega de nuestros talentos únicos: nuestras capacidades, para hacer ciertas cosas, y hacerlas extraordinariamente bien. Tú y yo hemos hablado a menudo de esto. "¿Cuál es nuestro talento único?", nos hemos preguntado. Pero cuando nos centramos en nuestros talentos, tendemos a olvidar que nuestro don real no es tanto lo que podemos hacer, sino lo que somos. - La verdadera pregunta no es "¿Qué podemos ofrecernos mutuamente?", sino "¿Qué podemos ser el uno para el otro?". - ¿QUÉ PODEMOS DAR? - Tú eres mi amado, pp 94-95, Henri Nouwen (Ejercicios espirituales en la vida ordinaria 2026)