5. Francisco comprende que la verdadera alegría no depende de las circunstancias, sino de la unión íntima con Jesucristo, que transforma el sufrimiento en un acto de amor. No se trata de negar la dificultad, sino de abrazarla junto al Crucificado, descubriendo que nada puede robarnos la paz cuando nuestra vida está escondida en Dios. - LA PERFECTA ALEGRÍA SEGÚN SAN FRANCISCO DE ASÍS: EL SECRETO OCULTO DE LA SANTIDAD