8. La experiencia de ser abandonados es muy dura y es lógico que esa carencia afectiva, especialmente de niños y ancianos, saliera de mil maneras y formas. Una posibilidad es el reclamo de constante atención, pero otra también muy característica es la agresividad hacia quien menos se lo merece y menos culpa tiene. María Rosa es consciente de esa dinámica psicológica y exhorta a las hermanas “a ser sufridas e incansables en indemnizar con su amabilidad las aflicciones de los infelices. – Es más, en una exhortación recurre al ejemplo de una hermana que cocinó hasta nueve veces un huevo, porque el enfermo lo arrojaba, algo que según Sebastián León ella misma practicó: - Quien experimentó las ternuras de la caridad de nuestra Sierva de la manera más afectuosa, fue el afligido enfermo. Las miradas de este la descifraban cual solícita e incansable madre en su delicada asistencia y limpieza esmerada, y con su palabra hacía dulces las amarguras, consolaba su llanto, suavizaba sus dolores, animábales a soportarlos resignados con la esperanza del cielo; e invencible en sus necesidades y rarezas, las sufría alegremente, como efecto de la ancianidad o hijas de los agudos dolores y tristezas de la desgracia. Ocasión hubo en que toleró con dulce mansedumbre que le echasen al rostro los alimentos que con tanto afecto les llevaba, y que el mal genio o descontento de algún enfermo , que nunca faltan en estos asilos, cambiaba en ingratitud, y con su heroica paciencia disimulaba la injuria con que en su furor le regalaban.
CON DULCE MANSEDUMBRE TOLERÓ QUE LE ECHASEN AL ROSTRO LOS ALIMENTOS