7/9/26

7. María Rosa Molas es consciente de que es necesario desactivar este mecanismo y esto solo se consigue a base de sufrirlo. Es decir, es lo que en la actualidad la psicología denomina “transferencia” o proyección. Así exhorta constantemente a no sucumbir por más que los niños, ancianos o enfermos sean enfadosos, exigentes o, incluso, pesados, pues al final, tras estas posturas lo único que están mendigando y reclamando es un poco de amor y de atención. Resulta elocuente el testimonio de Filomena Camboja y de sor María Vicenta, pues relatan como ella es constantemente interceptada por los albergados y los escucha y atiende con infinita paciencia: - Cuando le salían al encuentro los ancianos y niños, a quienes más compadecía, le referían sus necesidades; y la pobre Madre, que casi no podía estar de pie, pasaba muchos ratos consolándolos con mucho amor. – Y era tan amable que nunca me hubiera separado de su compañía, la que no hubiera cambiado por la mayor fortuna, y aun cuando hubiese de sufrir cualquiera privación. Cuantos la trataban tenían la misma afición, ricos y pobres, como que su afabilidad era siempre la misma para todos; y al ir por la casa salíanle al encuentro a exponerle sus necesidades y penas, que remediaba, y a veces adivinaba sin decírsela los albergados.

 LO ÚNICO QUE ESTÁN RECLAMANDO ES UN POCO DE AMOR



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