17/9/26

5. Tenemos constancia, a través de varias cartas, de las gestiones que realiza para poder hacer lo que estaban haciendo las Hijas de la Caridad en virtud de una Real Orden publicada el 23 de mayo de 1852 por el ministerio de Gracia y Justicia. Esto es, poder enseñar sin título profesional. Así refiere en la carta dirigida a don Pedro Joaquín Soler, ya que esto les permitiría acceder a “los varios puntos de la provincia”, donde están siendo llamadas “para la instrucción de las clases de pobres”. Con este objetivo, se dirige a la misma reina Isabel II en una petición cursada el 26 de abril de 1867. - Pues bien, aunque la educación reglada, el temario y las asignaturas previstas eran diferentes para el hombre que para la mujer, estas religiosas contribuyeron a que la franja de desigualdad entre varones y hembras fuera disminuyendo hasta llegar a la actual equiparación. En mi opinión fueron fermento del despertar que observamos a finales del siglo XIX y principios del XX, donde se registran numerosas intervenciones públicas de mujeres en debates políticos sobre la religión, exigiendo ser escuchadas. Lo cual delata la conciencia que ellas tuvieron de sí y de la religión que las liberaba: - El que estas mujeres intervinieran como tales en este debate público entorno al papel que la religión católica debía desempeñar en la nación se vinculaba a la consideración de que el catolicismo las había emancipado, las había hecho libres en lugar de esclavas y, por tanto, madres libres de opresión (I. Blasco Herranz).

 FUERON FERMENTO DE LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER